lunes, 16 de mayo de 2011

Y A DÓNDE.




No sé cómo decirlo. El haber llegado hasta aquí quizás haya sido un éxito. La verdad, ahora mismo, no sé en que orden he llegado. No me refiero en el aspecto de toda mi vida, eso es aparte, me refiero simplemente desde ayer hasta hoy. Digo desde ayer, porque ayer no estaba nada animado a llegar hasta hoy. Y hoy sigo pensando temporalmente que quizás no quiera llegar hasta mañana – ¿es el típico juego de palabras?-.

Al despertarme de un sueño profundo pensé que ya no estaba aquí. Cuando uno se despierta retoma los pensamientos inacabados del día anterior. Me di cuenta enseguida que seguía en el mismo sitio en que me había dejado ayer abandonado. Me abandoné a las doce de la noche mirando boca arriba. Luego di varias vueltas indistintamente a izquierda y a derecha mientras pensaba obsesivamente en si debía llegar donde ahora mismo me encuentro, en el mismo sitio que ayer, otra vez boca arriba, pero ya por la mañana. Es difícil asimilar todo esto, pero no es un juego de palabras, no lo es.

¿Ya he pensado lo que debo hacer? Aún no. Entonces, qué he de hacer ¿Debo levantarme? ¿Acaso no lo hice ayer también, y anteayer, y más atrás en el tiempo lo he venido haciendo? He decidido que seguir aquí tantas horas sería malo para mi piel, y para mis músculos ya agarrotados. La decisión de levantarme surgió sin ningún razonamiento. Quizás fue el estímulo externo de la claridad de la ventana, y un pequeño e ilusionante rastro azul que observaba desde mi posición. Ponerse de pie con dignidad es un acto fenomenal, en el sentido de que incluso con la ayuda de la cabecera de la cama he logrado erigirme, en el sentido de apoyarme en la alfombra con mis pies desnudos e impulsarme con mis manos apoyadas también de una filigrana de la cabecera de mi cama. En ese sentido, digo, poniéndome de pie lentamente, mi cabeza girada hacia mis espaldas mirando al techo blanco de la habitación como un hombre cualquiera desde hace -¿millones?- de años hacia la cúpula del universo.

Estar solo en el sentido de no haber compañía.
-Sólo realmente nunca estás, estás contigo mismo-.
Luego, no hay compañía cercana. Lo inmediato, los tabiques a otros tabiques de arrimo formando huecos. Y a través de todo lo que es sólido las vibraciones trascienden hasta mí. Sonidos transportados. Estar sólo en el sentido de que nadie se ha apercibido de ti. Desde hace muchas semanas nadie tiene una idea clara de dónde estas. Dentro. Fuera. No estás ubicado. Ni tan siquiera estás ausente; ausente respecto a qué y a quién.

Y ahora cómo. Ya de pie. Y a dónde.



3 comentarios:

Poma dijo...

Y ahora ya de pie, coge el ordenador y escribe , escribe y escribe...
:)

Anita Noire dijo...

Y ahora de pie, pues no queda otra que seguir preguntándose cosas. Besos Kenit

delia díaz dijo...

aquí, aquí mismo

escucha

http://www.youtube.com/watch?v=E1x7AeEogGM