jueves, 16 de junio de 2011

EL OTRO LADO DE LA TIERRA.



Me da que no he abierto los ojos del todo, o los oídos con toda la calma escuchando.
No he visto, no he oído el origen de todo. Sólo son sospechas.
Se sospecha en el cálculo infinitesimal que hay un hueco libre,
no buscado aún. Y el hueco permanece vacío, lleno de esperanza.
En este preciso instante.
Todo empezado esta mañana o hace miles de millones de años.
Ahora me da pereza ver y escuchar.
Hace tanto tiempo. ¿Por qué he de decir lo que ya conozco?
Lo que tú aún no conoces. Rayitas de luz en los ojos.
Sonidos en los oídos que vienen desde los pies y desde la tierra, y suben por mi,
para dar vueltas sobre mi.
Un día, o no se cuándo se descubrió el amor (cuándo fue eso no lo sé).
Cuándo alguien sintió pena por alguien.
Cuándo alguien en no se donde pudo tener un ligero presentimiento, como si fuera amor.
En qué año medido en años.
No importa. Ahora he contemplado las señales que vienen del otro lado de la montaña.
Un resplandor que se apaga y que va hasta la muerte de la luz.
Y el sonido (no sé si es en mi), o subiendo desde el otro lado de la tierra.

3 comentarios:

Anita Noire dijo...

No quiero creer que el amor nazca de la pena. Quiero pensar que nace de algo mejor. La pena mata mucho. Bss

KENIT dijo...

No sé. Yo creo que tener pena y tener amor, en el sentido de compasión y altruismo. Puede ser igual.
Un beso para ti.

delia díaz dijo...

abrir los oídos tan difícil, pero infinitamente menos que los ojos