miércoles, 8 de junio de 2011

LO QUE ME ESTABA DICIENDO.




Cómo gesticulaba y ponía la cara hacía atrás igual que si estuviese obteniendo un sublime placer. Aquellas muecas que nunca había visto. Se había afanado como en un reto a chupármela boca arriba como estaba. La había cogido con el dedo meñique levantado y le había ido pasando la lengua una y otra vez despacio. Yo sentí como unas ligeras cosquillas en aquella parte más sensible hasta que pudo sostenerse sola. Mi depresión cíclica no me permitía percibir sensaciones ni incluso en la piel más fina. Por eso ella había enloquecido teatralmente con aquellos suspiros inusuales, digo, inusuales. Con qué rapidez se había dado la vuelta y se había abierto las piernas invitándome a subirme sobre ella, y ni siquiera me había acercado a su coño, solamente mi piel quizás contra su piel; pero de qué, aquellos gestos grandilocuentes como si fuera una matanza, o una operación con dolor. Transcurrí sobre ella unos minutos indeseables pensando en lo triste de la existencia. Ella boqueando como un pececito. De qué. Boqueando. Abriendo su boca. Sacando su lengua. Era yo un esperpento humano que causaba aquella algarabía que me parecía supuesta. Mi depresión no me dejó. Pensaba ciertamente que ella debía quererme por encima de todo. Que había sido un milagro sublime. Y que en realidad no me había sentido incluso ni de lejos. Sin haber podido siquiera posarme sobre su vasijita para impulsarme instintualmente hacia adelante. Cuando me di la vuelta, vi su extraña humedad en sus pantorrillas, incluso, en la sábana una mancha pegajosa. Al darme la vuelta, también, mirando hacía lo perdido del techo enormemente grande (de nuevo) ante mi, como una dimensión infranqueable (otra dimensión), y ella a mi lado acariciando mi pelo una y otra vez con su mano, hablándome despacio aunque yo no sabía lo que me estaba diciendo.

2 comentarios:

delia díaz dijo...

te decía
que te quería...

Poma dijo...

.More Kenit more....