martes, 21 de junio de 2011

A MI ESPALDA.




Te he copiado muy bien.
Te dibujé sobre un papel de cebolla. Y aún recuerdo que tenías unos ojos con sombras y una boca pequeñita como una cereza.

En el puesto del pan han colocado sobre un anaquel de roble tres barras muy grandes para el Guinness, pero no caben dentro. Hay una hilera de mirones. He predicho hace muchos años que ahora mismo estaría pensando esto, ahora mismo, después de haberte desenrolladlo dentro de un pergamino transparente. Oliendo a pan.

Surgiste del pasado porque también había olor a pan cuando me posaba sobre tus ojos para imaginarlos, intentando que los rastros de la plumilla pudieran dibujarte certeramente. Aunque era imposible. Siempre tiene la culpa la luz. Nos hace irreales.

De todas formas sigo dando vueltas, doy vueltas dentro de mi cabeza y doy vueltas caminando por un pasillo abismal, sin fondo.

No sé donde estás. Las capas del tiempo son como capas de tierra.
Estoy aprendiendo a dormir de pie. Absolutamente hibernado.

Quiero que vengas. Que te pongas detrás de mí. Otra vez. Que subas despacio tu mano por entre mis piernas, y que me agarres fuerte por el culo, quiero que te acerques, sentir que eres blanda, para quitar el frío de mis espaldas.

Te he descubierto hoy.
Ya no me acordaba de ti.
Le ando dando vueltas a mi vida. Cuando lo mezclas todo. Cuando recuerdas cosas tan tapadas en la memoria es que se acerca el final.
Me he olvidado que no puedo mearme al lado de la ventana.
De todas formas no recuerdo lo que ha pasado ayer.
Pero tú estas pintada en papel de cebolla, y siento tu mano, y tu cuerpo arrimado a mi espalda.

1 comentario:

Anita Noire dijo...

Algunos "abrigos" son incomparables a nada. Verdad? besos