martes, 21 de junio de 2011

NO SE VE NADA.



Ahora que cabalgamos sobre un rayo de luz debo decidir qué dirección tomar. Dadas las características de nuestra velocidad no es un problema nimio. Cada instante que pierdo en tomar la decisión son millones y millones de kilómetros que quizás me desvío de mi destino. Por eso deberé de decidirme lo antes posible. Llevo días llenos de preocupaciones pensando en esto. He llegado a dudar de mi mismo, de mi capacidad cognitiva, de mi capacidad para razonar de forma pausada con el fin de no cometer errores. Ayer, sin ir más lejos, la tripulación me echó en cara mi falta de criterio. Ahora estoy hecho un lío. Creo, sinceramente, que me he generado a mi mismo un conflicto de extrema gravedad. Estoy indeciso y esta velocidad no es buena para pensar bien. En realidad si miro lo que me rodea diríase que estoy absolutamente parado y que nunca encontraremos el final. Que da igual la dirección que tomemos. Creo que estoy empezando a sentir claustrofobia. Lo que me faltaba ahora es volverme loco por tanta indecisión.
En realidad dentro de un rayo de luz no se ve nada.

5 comentarios:

Anita Noire dijo...

Me ha encantado. Mucho además. Que tengas un buen día.

Poma dijo...

Eso dicen... la velocidad de la luz puede ser locamente cegadora ¡¡¡
Fantástico texto.
Feliz aquelarre ¡¡

Dam Aguirre dijo...

Pensar demasiado nos mete en un círculo en donde no terminamos de saber si el que toma la decisión somos nosotros o algún fulanito en el interior de nuestra cabeza...

Steppenwolf dijo...

Creo que la tripulación no tiene ni puta idea, no les hagas caso. Tampoco te preocupes mucho por tu indecisión, hagas lo que hagas, las directrices están trazadas, la decisión ya está tomada.
Muy bueno Kenit.

Un saludo.

Anónimo dijo...

No te comas la bola. La decisión te buscará a tí. Solo tienes que oirla. Disfrutarla. No desaprovechar ningún momento maravilloso.