martes, 7 de junio de 2011

A TI.



El pastelero de La Dulce tiene psoriases, dos manchas enormes en los codos, y el mapa de Oceanía en carne viva sobre el pecho. Se le ve un medallón chapado en oro sobre sus pelos blancos.
-Hace sabrosos pastelitos de cabello de ángel que devoro-.
Tía Remedios recoge de la calle perros con sarna, los cura, y hace mermelada casera de manzana que reparte por los super. Entre las uñas lleva siempre escamas, máculas de piel y azufre.
Por las alcantarillas hay ratas calvas que husmean al amanecer antes de que despierten los coches. Se les ve también la carne viva.
En el hospital hay tres hombres abiertos. Hay treinta punzadas. Dos rajados de navaja.Un aplastado a lo Pato Donald. Las pseudomonas se alegran por tanta puerta abierta.
Las flores crecen de la mierda de conejo. Los perfúmense utlizan la apestosa secreción del hermoso ciervo azmilclero.
Las mujeres y los hombres mueren a la intemperie, y están allí hasta llenarse de larvas y moscas verdes. Se les ven caras deformes, caras hinchadas entre olores nauseabundos.
Cuando te bajas a un coño te puedes morir si no has avisado antes.
Damián, cocinero ocasional de los fines de semana en bodas y banquetes, sorbe las narices y arroja mocos azulados en el fondo del suflé. Y está de rico quemado al ron.
Yo te quiero y casi me das asco. Tu sudor frió. La forma en que abres la boca y me arrojas tu esófago digiriendo, dando vueltas a media taza de chocolate y a un bocadillo de anchoas.
El cielo está derramado de rojo y se muere y huele a fábrica y a neumático quemado.
He visto el mar con una marca blanca de detergentes como una suave trenza de flores naufragando hacía el oeste.
Y los ojos de mis hermanos rojos por vapores de pegamento y gasolina.
Los ojos.
Te has vuelto picuda, diluida, dos kilos derramados sobre una palangana de repente, y se te ven las costillas de maniquí. Hueles a depresiva, a presentimiento de muerte.
Las hojas de los árboles tienen un otoñal poso de polvo amarillento.
No puedes esconderte. No hay lugar para ti.
Me aprieto las manos.
No te tapes la boca.
No contengas el aliento.
Has de morir de alguna forma después de cualquier atardecer asomado a la ventana.
Me huele a algo que sube de la calle.
Las sesiones parlamentarias huelen rancias. Me huelen a miseria.
Me huele a ti.

5 comentarios:

Poma dijo...

Miserable condición humana.

Anita Noire dijo...

madre mía, madre mía....

CumbresBlogrrascosas dijo...

Qué cosa ten extraña sería la vida sin olor...

delia díaz dijo...

el mundo es así; la miseria huele a rancio, a cabrales y moho, a estiércol, a azufre y huevos podridos

una vez quise escaparme, me saqué unas granadas de mano de color azul, con las anillas quitadas, del pecho, como si fueran huevos de pascua... todos se asustaron, cerraron los ojos, se apartaron, yo no podía moverme y cuando explosionaron...

fue entonces el único minuto de mi vida que vi el mundo completamente azul; poético, totalmente surrealista pero poético, y tan hermoso...

cuando desperté todo seguía oliendo igual, a podrido

te traigo mi boca pintada de azul

http://www.youtube.com/watch?v=v3uzB-q0jsU

Steppenwolf dijo...

No es un cuento infantil pero la vida tampoco lo es.Muy bueno Kenit.
Ah, habrá que averiguar que tenia realmente entre las uñas la tia Remedios.