martes, 5 de julio de 2011

LES CIERRES LOS OJOS.



Hemingway era muy valiente. Una barbaridad. Llevaba a cuestas un sarpullido mental. Robert Capa hizo instantáneas maravillosas. Se caía la Luna en Extremadura. Y por las sierras de Madrid había piedras desgastadas por el viento de Dios. Todos ellos bajaban a retaguardia y se abrían el pecho para recibir besos, o la levedad de alguna mano de niño. Para que les posasen sobre sus pelos blancos en forma de sortijas alguna flor roja.
Indistintamente.
Indistintamente todas las cárceles eran un frente. Y los dedos abiertos esperaban entre los sacos terreros pidiendo los muertos que les cerrasen los ojos. Ellos estaban allí altruistamente escuchando canciones. De los olores no hablo. Del sufrimiento que estimo en las imágenes. Mis ojos parados sobre el blanco y negro. Muchos minutos buscando las vidas que hay tras imágenes llenas de tragedia. Vislumbrando qué describían las palabras, una y otra vez releídas, por si capto algo que me trasporte ensoñándome con los ojos cerrados, tal como hoy cinco de Julio del 2011.

Me rasco los huevos sobre un colchón nuevo que huele a viscoelástica Flex, y doy gracias por no haber vivido una guerra. Por observar las guerras ajenas en el África, en el Oriente Medio, o por donde Buda se sentó a contemplar, o por donde los ojos oblicuos van descalzos, mirando oblicuo. O las guerras imploradas por los guerreros mejicanos del narco tráfico. También doy gracias por no tener un cacharro tuneado por un negro de fuertes pectorales en las calles de Miami. De no tener la piel de un nórdico arrasada por el sol. De todas formas, incluso aquí echado sobre un colchón flex, ahora mismo añoro de aperitivo un culo grande de negra, que se de la vuelta, que me coja a horcajadas por mi nuca, y me meta toda mi boca abierta sobre su coño, y que le de vueltas como un estropajo, y que me haga beber todo su néctar grasiento como a un niño de casiteta.

He dicho ayer que tenía un nanosegundo de edad.

Absolutamente amanecido Gijón. El mar no es cruento. Las gaviotas se abanican por el aire. Ha subido hasta mi el portentoso olor de algas. Paso la lengua sobre mis encías y me adivino descubriendo rincones inexplorados de mi mismo.

Pude haberme hecho un tacto rectal.
Necesito una bocanada de flujo dentro de mi boca.
Eso de una puta vez.
Desnúdate. Ven a sentarte despacio sobre mi cara.
Muévete a lo danza maroíe. Hazte diez hakas seguidas.
Cágate encima.

Han vuelto a retratarme en blanco y negro en mi mejor agraciada postura.
He dicho ayer que tenía catorce mil millones de años.
De ayer a hoy.
Cuánto es de ayer a hoy

Y me digo que el fin del mundo está donde tú deseas que esté. No debes irte a donde Jacques Piccard bajó en el mar con un tubo en la boca a más de diez mil metros. O donde el Capitán Nemo tenía un nido de medusas entre peces completamente planos. Que no te cuenten el cuento de Roald Amundsen en el Polo Sur, no te creas los viajes de Marco Polo. El fin del mundo está aquí, sobre un mullido colchón Flex apoyado en un tabique de color verde.

Y ahora pienso que haber vivido fue difícil a medias.
Que es difícil saber que tengo que seguir viviendo.

Cuando me hago tactos rectales a mi mismo quedo insatisfecho. Algunas veces certeramente miro páginas de chicas de compañía y me hago una paja de doscientos euros en una hora, y luego piso los doscientos euros y me los guardo en el bolsillo izquierdo.

De todas formas envidio a Ernest Hemingway.
Me viene olor a pólvora. Los sonidos de los aviones son como cuchillos que retumban. Desde hace días vienen cada poco. Sobrevuelan un paisaje en blanco y negro y vuelve a caer la metralla sobre cúpulas de iglesias destrozadas, sobre casas cien mil veces derrumbadas. Y hay cuerpos sobre la Cibeles tapada con sacos terreros en la misma acera circular que han dado un giro sobre si mismos, inverosímilmente (dada media vuelta la cadera), y los ojos tan valientes abiertos hacia el cielo.
Los muertos siempre imploran para que les cierres los ojos.

2 comentarios:

Poma dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Poma dijo...

Y Amenabar decía ...Abre los ojos ¡¡¡ Que cosas.

PD , Es por quitar trascendencia al texto , muy duro.