miércoles, 27 de julio de 2011

NO QUIERO SER UN ASESINO EN SERIE.



Me habían abrazado de esa forma. La cabeza se te queda sobre el cuello del que te abraza. Lo hueles. Sientes una suave sensación de calor. Y con los ojos abiertos al otro lado de su nuca miras un paisaje usual. Cómo no vas a comprender qué es un abrazo simple, no tiene nostalgia, no tiene nada de particular. Unos segundos protocolarios. Luego te vuelves hacía atrás y tienes que verle la cara.

No lo conocías.

De esos abrazos a patadas, quiero decir muchos abrazos de esos.

A mi me dio aquel estado depresivo paranoide en el climaterio, poco antes de la vejez. Es una predisposición así. Les daba por abrazarme sin mucho calor emocional en los abrazos, y eso me hacía notarme más desatendido aún.

Poseído de incoherencia verbal, en el sentido de cambiar rápidamente de tema sin un sentido lógico.

Las otras manías de ir por la calle comiéndoles el coño a las mujeres. Imaginando. Imaginando cuando llevaban falda sus muslos apretados, en una cola del supermercado, en la cola del autobús, etc, etc,etc. Sus muslos escondiendo su manjar. No me importaría el momento, ni como estuviesen de saladas o pútridas. Imaginaba. Mi boca allí. Metida mi lengua todo lo profundo que diese, revolviendo mi lengua en aquel hermoso coño que imaginaba.

Follar luego, no. Sólo coños. Es eso: coños y coños.

Sin más. Apriétame. Déjame que por lo menos ponga mi oído sobre tu corazón.

Hay una turbulencia sobre mis ojos. No afronto con inteligencia mi problema cotidiano. Salir a la calle, o frotarme bajo la ducha, sacármela para mear indistintamente fuera o dentro. Mi propio olor como una sensación de existencia.

Pretendo que me achiques a gatas. Has puesto con tus dedos una olorosa crema incolora. Y me aprietas cogiéndome por los hombros. Abrazas mis omoplatos y te siento dentro con cierto dolor. En realidad pensaba que era diferente ese gusto. Tiene de particular lo que esperas, con que ímpetu te la meten y luego te la sacan.

Solo sus manos en tus caderas oblongas. Restos de humedad y palmadas en el culo.

Me abrazaba porque estaba solo mirando a no se donde. Llegó hasta mi. Te acerca. Siento sus manos en mi espalda, arriba y abajo la palma de la mano. El aire estaba allí pasando de un lado al otro. En mi cara como una mano de aire que no me toca y tengo que adivinar. Es el aire en forma de mano.

La falta de actividad es una consecuencia que origina un descenso vertiginoso en tu escala social. Si tus signos psicomotores son propensos a la entropía cero: olvídate.
Quiero decir. Caminas como un autómata. El pasillo de tu casa es un trayecto lleno de peligros. Caminas con las manos estiradas sobre tu cuerpo. Vas deambulando.

Un coño está ahí. Apenas unos pelitos en el frontispicio y tú lo besas alrededor. Huele ligeramente a orina. Es una emoción abrirlo. Abres la boca como si fueras a gritar. Nada que objetar. Lo comes una y otra vez.

Los coños tienen sorpresas como los huevos Kinder.

La fase aguda de mi esquizofrenia tiene momentos dichosos. No siempre soy proclive a la negatividad.

Y me abrazas.
Sé que estas ahí. Quitas tu cabeza y siento tus manos en mi hombro.
A veces es suficiente que me dejes oír tu corazón.
Cuento durante unos instantes los latidos: uno, dos, tres, cuatro..
No quiero ser un asesino en serie.

1 comentario:

EDUARDO YAGÜE dijo...

Magnífico, como siempre.
"Los coños tienen sorpresas como los huevos Kinder". Por solo esa frase usted merecería una estatua en la Plazuela de San Miguel.