domingo, 28 de agosto de 2011

CELEBRAR UN BESO.


No hubo nada de particular. Silencio.
Caminábamos alejándonos o acercándonos. Creo recordar el instante.
Incluso cuando su boca estaba a dos dedos de mi en todos los sueños de las noches transcurridas.
Un día, o un lunes. Hubo flores nuevas.
Nos cruzamos veinte veces, y una vez coincidimos con los brazos abiertos.
Estaba sobre el cielo toda la luz de los vivos.
Sus bolsillos llenos de papeles rotos.
La arrimaba contra mi. Éramos humo.
En un péndulo de reloj dorado nuestras caras juntas por un instante.
Como dije, luego fue su boca que había llegado del otro lado del mundo.
He perecido. Pero vuelvo a la vida los lunes sólo por celebrar un beso.

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