martes, 4 de octubre de 2011

BABOSAS.




Dame goce. Ábrete. Déjame poner la boca ahí.
De alguna forma dejamos un rastro inacabado, por nuestra ansia de proseguir..
Desde un libro de aventuras me vino un sueño solitario y animal.
Hincamela de rodillas, nadie acecha. Tus ojos de loco en el último impulso.
Hay un lugar donde escrutan miles de gusanos, no te quedes quieto.
 
Me dice la abuela Nora: vete por la pita parda al gallinero hoy hacemos caldo para el abuelo. Cuando bajas al gallinero por noviembre todo lo encuentras lleno de babosas y caracoles, es como si subieran del cementerio, trepan por las piedras y brilla su camino. En el gallinero hay doce pitas y dos gallos, el kiriko es pequeño pero chulo, camina así, altivo, y ojea malo. La parda tiene el culo pelado y se le ve la natura como si fuera un mal beso -con boca cerrada-, de un enemigo.

A mi me da pena matar las pitas al estilo onda, cogerlas por la cabeza y darles vueltas, yo a las pitas no las mato así, me da canguela, sufren mucho, y la parda daba lástima por lo vieja. Tú ya sabes que por donde sale un huevo entra un nabo. Rodee varias vueltas de guirigay para coger a la parda y le cayeron muchas plumas de las alas, pero cuando la tuve allí saqué la navaja y me bajé la bragueta, cogiéndole las patas se la metí de una sola vez , acertando a la primera, y de un tajo le arrebane la cabeza – a las pitas si les arrodajas la cabeza aún pueden caminar casi veinte metros- así que le solté las patas y se movió como una peonza con la polla bien metida dentro, al minuto se quedó quieta, tuve que apretarla más y le llegó hasta gaznate, y me vino el gusto, a lo justo; y lo lleva dentro para sustancia.

Cuando subí la abuela estaba con el caldero y agua hirviendo y me vio las perneras llenas de sangre; extrañada me preguntó, sin en vez de haber matado a una pita había desollado un cerdo.

Las babosas siguen lentas y dan vueltas no saben a donde suben, en el tejado de pizarra se refleja un sol tenue, y para las babosas empieza el desierto y la misma muerte.

Después del gusto me escocía.

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