lunes, 24 de octubre de 2011

PAPEL DE CELOFÁN.



-Hablo de una Existencia.
Era un blanco sin nada, y un día tras otro sin más.
El infierno estaba sobre la endeble tela que contenía este universo. Todos los humanos desde el primer segundo en que un homo urdió la primera estrategia. Cómo hacer para conseguir comida inalcanzable de un árbol que tenía raíces en forma de tirabuzones.
Yo ya meaba sobre las brasas del fuego cuando era niño, y salían los espíritus en forma de vapores que daban vueltas y te miraban.
Todos los sacerdotes esquizoides.
Un sacerdote manosea y abre los brazos, después de muchas ceremonias incomprensibles.
Muchas veces mirando el azote del viento, los altos montes con una serpiente de llamas, las ramas estallando sobre los tejados.
Meaba de miedo donde la iglesia tenía una piedra para rifar pollos en forma de cuenco.
De arriba abajo la cal arrojada sobre la pared con ramas de pino, sin nada más que el blanco.
Todos los muertos cogidos de la mano de una estrella a la otra.
De día los nimbos en forma de tripas de cerdos abiertos al canal. Todas las mazorcas enseñando los dientes en fila. Dientes de leche y dientes carcomidos.
Sobre el centeno los cornezuelos como muelas cariadas de viejo. Esperando para enseñarte infinitos colores.
Aquella obsesión de apagar el fuego, tan ancestral.
Mis delgadas piernas, mis pantalones cortos, y un chorrito que casi no era nada.
Luego el vapor y unos ojos que me miraban desde detrás del universo.
A partir de ahí toda la vida alerta, siendo una presa fácil.
Y siempre el fuego, desde el principio.
Los sacerdotes abriendo los brazos, no importa a qué.
Todos los asesinados están sobre un leve y finito horizonte.
Mirando nuestro mundo a través de papel de celofán.

1 comentario:

Poma dijo...

Con las gafas puestas mirando (leyendo)tus mundos , sin celofán.