domingo, 27 de noviembre de 2011

DIGO.


Iba de babuino con el pelo agrisado peinado hacía atrás y una buena capa de gomina fijadora de espuma, bien definidos los rizos por mi parte frontal. En aquellos momentos se me pasó por la cabeza aplicarme el número de Dunbar, dentro de la tipología social, relacionándome con todos los congéneres que bajaban y subían por el Paseo de los Olvidados.

Y elucubraba.

Era esa capacidad que tenemos los monicacos sociales para interpretar el entorno a través de los símbolos.

El exceso de información creo que está degradando nuestra capacidad de relación.

Somos simples saltos condicionales de unos a otros.
Me puse a pensar:
Dibuja en un folio ciento cuarenta y nueve círculos de color azul y uno de color rojo, y únelos en todas sus posibilidades con una línea: desde ti a ellos, entre ellos, y desde ellos a ti. Verás que las capacidades de tus relaciones inmediatas son exponenciales. Y otro hace lo mismo en otro folio, y cada folio se une a su vez con una línea, y así pudiera ser hasta el mismo infinito (si es que existiera tal dígito).
(Contigo unido por una rayita está toda la humanidad. Digo yo. Al menos.
- ¿Y si hubiera planetas en el futuro habitados o colonizados? -No quiero ni imaginármelo.)

Llevo años intentando estructurar mi pensamiento y lucho denodadamente por salirme de todos los símbolos babuinos que me rodean. Mis ojitos escrutadores se afanan sin descanso en captar el mundo para generar nuevas ideas, pero mis costumbres, ancestralmente arraigadas, tratan de imponerse, así que voy de babuino lleno de estereotipos, cortando el aire con mi cabeza tuneada con gomina.

Mi aplicación del número de Dunbar son una gonorrea de sensaciones. No comprendo muy bien. Entro en la cafetería Las Pérgolas y me interrelaciono inicialmente con un agradable olor a café, y un aroma a porras rellenas de chocolate. Eso serían ocho situaciones que mi neocórtex puede asimilar, no muchas más, dentro de esta tribu de ciudadanos que se afanan en mojar y mojar.

Marita estaba en el fondo mojando churros sin relleno dentro de un café con leche cremado. Les daba vueltas y aquello era una vorágine dentro de su taza. Cuando la vi me trasmuté al típico pensamiento lineal, interactuaba entre información pasada, desdeñando lo lógico, lo matemático, para desembocar en lo más burdo y natural. Pensé de repente cómo tendría su coñito hoy, en estos instantes, como estaría allí calentito, apretadito entre sus muslos, sentada en la forzada posición de un taburete.

Yo había pensado eso, y Marita vio mis ojos emitiendo algún tipo de luz y pensó bucólicamente que denotaban ternura afectiva y algo de amor. Los babuinos tenemos esa mirada repentina, gesticulamos con nuestra cabeza; y nuestros ojos tienen sorprendentes cambios de orientación, es una consecuencia del ancestro, de estar en guardia, de vigilar para no ser apresados por otras tribus del entorno.

Sentí su mano y aquel beso, un piquito, era la lógica de su aprobación. A mi me supo a poco, me hubiera gustado sentir su lengua. Marita tiene una lengua babosa en el sentido de suave y prensil, cuando la siento deambular y me la mete entre el premolar que me falta me dan respingos, como si tuviera frío, es esa sensación en la que cerramos los ojos y nos abandona cualquier proceso creativo para pasar al más genuino abandono.

No sé en que número de interacción estaba. Me sobraban ciento cuarenta y ocho. Y quizás estaba en el proceso de preparación, vamos me estaba iluminando. Mi polla instaba asomar por la hebilla del cinturón, pero en vano, era una sensación mental. En algún reservado Marita me metía a veces la uña del dedo meñique por el agujerito del meato, como escarbando levemente, y aquello se ponía a lo máximo medido desde su parte inferior (si soy digno debiera decir que era una mera ilusión dentro de la media nacional: casi de conejo).

Marita es mi hipervínculo. Me lleva hacía impresiones sensoriales: imágenes, placer pasivo, reexpirementación de lo vivido, estimulación de los sentidos, y hacía a otros sentidos desconocidos en mí. Es una succionadora que te mira de reojo cuando funciona en (on). Lo del hipervínculo es porque te abre la ventana al séptimo cielo.

No quiero elucubrar más. Me pone de los nervios pensar en esta mierda de los hipervínculos hacía otros hipervínculos. Es descorazonadora la infinitud, y me llena de soledad.

Cogimos el coche y nos fuimos al mirador del Faro -al final hay un faro que está apagado, como digo-. Subes por una carretera que va entre robles enanos que puso el ayuntamiento. Antes de llegar hay seis torres eólicas que van vacilando de espantapájaros y hacen ese sonido apagado arrastrando el aire. Luego está el mar. Por poco que te imagines el mar siempre es hermoso. Allí abajo los barcos daban pitidos como almas en pena. Cuando aparcas el coche, si no hay mirones, te pones de inmediato a la faena.

Las compañeras de trabajo tienen ese componente furtivo de ojos ladeados como guardando un secreto a voces.

Aquí, con toda esa inmensidad que angustia mis ojos, tocando, acariciando forzadamente su pelo contra mi bragueta, los ciento cincuenta números de Dunbar son un dúo predecible. A ella le doy un círculo azul y le pongo el uno y en mi círculo rojo me pongo el dos. Y los interacciono con una raya que son nuestras lenguas así unidas, a intervalos (por su boca sé que mi capullo sabe a sal), son esas sensaciones de babosa tan pegajosa y agradable que tiene la lengua de Marita. Tan golosona Ella.

Marita, no te chupa exactamente, succiona levemente; y cuando te vas a correr lo sabe porque me dice que vibro varios nanosegundos antes; y entonces te tapa el meato con la lengua, unos nanosegundos sólo, y luego le deja ir a toda esa soledad que es una nebulosa, pero que en realidad es la leche. Digo.

5 comentarios:

Mariajo dijo...

¡Vaya con tu hipervínculo!...una mezcla de física cuántica, relatividad y determinismo darwiniano???...sin dejar de mencionar los mundos paralelos de la teoría de las cuerdasss...

¡Impresionante técnica descriptiva eróticosexual!...

A propósito, KENIT, ¿has pensado en contactar con la Vía Láctea?...

Sonrisasss...

Mariajo dijo...

P.D.: Se me ha olvidado comentarte que hemos coincidido en los comentarios del último post del blog de Rafael Caunedo y su mundo volubleee...

P.D.1: Ahora también soy seguidora tuya...

P.D.2: A ver si te atreves con una teoría sobre el chocolate y los churrosss...jajaja...

P.D.3: Más sonrisasss...

KENIT dijo...

Me agrada tenerte por aquí, Mariajo. Es un honor.
Respecto a la escritura, escribo sin pretensiones. Siempre digo que la escritura para mi es una catarsis y un experimento.
Un abrazo.

Mariajo dijo...

Gracias por tu bienvenida, KENIT.

Por aquí seguiré con mis ojos lectores.

De los experimentos salen los grandes inventos, ya sabesss...

P'alanteee...

Otro abrazo,
Mariajo

Matías dijo...

Magnético, expresivo, ásperamente armonioso.
Muy bueno!

un abrazo