lunes, 28 de noviembre de 2011

ENSOÑACIÓN.

   
Este poema abstenerse de leerlo en público con música de acompañamiento.
(Derechos muy reservados…)
Antes de las diez de la noche, a finales de noviembre.
Es imposible acercarse -ni a una millonésima siquiera-,
de lo que es la sensación de ser inexistente.

Para cenar me hice una tortilla de jamón.
Los huevos eran muy amarillos,
y al batirlos se me quedó aquella espumita en el punto ciego de los ojos.
Así (tan sólo), pensaba en ti cuando hacía una tortilla de jamón:
En cómo sería tú espalda desnuda.
En cómo sería mi viejo pecho sobre tú espalda desnuda.
La luz de la cocina era tan artificial,
que en el techo parecía que se reflejaba el Mar de la Serenidad
en la cara blanca de la luna.

La tortilla era sólo para mí, de apenas dos dedos de cerdo.
Pero cuando me rozaba sobre tú espalda estábamos los dos,
tan apretados.
Me apetecía morder tú nuca en plan rabioso,
y hacértelo por atrás, abiertas tus piernas,
mientras tú me dabas la boca, así de grande;
y tu lengua así de larga,
mientras te decía por enésima vez que te quería.
mientras mientras mientras que te quería.

Para cenar estaba aquella mesa de mármol negro, y una silla,

una naranja, un poco de vino, algo de ilusión, el pan.
Cuando comes tortilla de jamón a las nueve de la noche te viene un impulso extraño,
los ojos ciegos miran un punto que está perdido, y,
sin pretenderlo, invocas al mismo Belial, al hijo de la Luz Bella.El Angel malo que inventó las tortillas de jamón y
los puntos ciegos.

A una tortilla de jamón no le hagas caso,
no es gran cosa,
la partes por la mitad y es el Trópico de Cáncer.
Luego estabas tú, que no estabas, y los viajes ensoñados:
los ojos contra los ojos, y esas cosas que se dicen.
Una tortilla mirada de cerca es un mundo, el planeta Marte.
Lleno de cráteres, y los puntitos rojos, las cavernas,
los volcanes de Tharsis que sustenta al Monte Olimpo,
y el Valle de Marineris, que es un surco mal cocido,
lleno de huevo, lavas y arrastres de tormenta.
Luego estabas tú que no estabas, como en un sueño.
A veces pienso en lo que se diluye.
El fluir de la vida, de las cosas, de tus cosas,
los problemas que parecen infranqueables.
Quizás en la vida de la vida no haya ojos contra ojos, quizás.

Y nunca nunca nunca nunca te diferencie de los ojos que imagino.
Hoy he saboreado tortilla de jamón, llena de ausencias.

Una espalda amplia, tu nuca que es como un tallo de ciprés.
Y tu piel, de esa forma tan suave, casi derretida.
Y esa sensación de estar escondido detrás de ti, por un instante,
batiendo unos huevos que daban espuma amarilla, en un momento,
en todos los momentos,
que nunca han existido y por eso los reniego,
porque no estuviste conmigo,
ahora, a las nueve de la noche,
en que todo ha sido la ensoñación de un punto ciego.









 

2 comentarios:

Ina dijo...

Si una tortilla de jamón da para tanto, no quiero imaginar cuando comas paella. Perdona por la broma.
Pasaba por aquí, un saludo.

georgina miguez lima dijo...

Ingenioso, diferente como me gusta esa tortilla que entre piernas y besos saboreamos, y adoramos al Ángel malo que inventó las tortillas de jamón y los puntos ciegos...