jueves, 10 de noviembre de 2011

TIERRA NEGRA.


Por los montes de Valdueza al sol parecía que le habían dado cientos de puñaladas, se esparramaba el rojo, y la oscuridad lo iba tapando todo como si fuera tierra negra.

Le di a las luces de cruce.

Iba con mi camión Sava “quienientostres”, chasis Barreiros, cara asaetada. El caso, chacho, es que salí de Ponferrada a las seis de la tarde. Me acuerdo que era enero; un trece para más señas. Tan frío que quitaba el cólera, (si no espabilabas con orujo acazallado y un cuarto de café de manga, un guantazo, vamos). Llevaba la caja llena de jaulas de varilla, y dentro gallinas, ochocientas sesenta y ocho (exactamente), viejas gallinas sin timoneras, con el culo pelado enseñando la carnada, para el sacrificio.
Tenía que estar en Benavente antes de las diez de la noche y descargarlas en una granja llamada El Ponedor, en la zona de los Negrillos. El Sava andaba de puta madre. Nunca tuve problemas. Parecía que llevaba piloto automático. Bien decorada tenía la cabina, con tapete de festón, que me puso la parienta en el salpicadero, y una gafa añil sobre el cristal, que ponía: "Vanesa te quiero"; y volante forrado de terciopelo verde. Con este decorado, y los gálibos rojos, el Sava tenía cara de muy mala hostia.
Bien. Pues en la Bañeza, antes de llegar a una pequeña desviación que va a Villamontán, había un bar de putas llamado la Góndola Veneciana. Yo era un habitual, cuando el mes entraba en la paga. Aquel día enfilé la carreteruca y lo vi allí abajo, me entraba cosquilleo en las tripas cuando veía las letras rojas. Aparqué en un sembrado de terrón duro que lo bordeaba. Maniobré con cuatro volantazos y paré, con mis gallinas enjauladas en batería, en el medio de un mercedes con capote desmontable, y un “bemeuve” color sepia que brillaba como si lo hubiera limpiado la suegra. En la acera, detrás, al lado de un roble bordeado con coqueras de ferralla guardando un pequeño jardín, había un grupo de chavalotes, uno parecía algo bobalicón. No me gustó. Qué quieres que te diga, no me gustó. Bueno, enfilé la puerta. Te daba ese vao a humo de tabaco, perfume pachuli, y música de Negrete, y olor a coño lavado con chimbo. Sí, si, olía a chocheta, o yo me lo figuraba de lo caliente que iba. Yo para eso…, un sexto sentido, sabes, chacho, olfato sensitivo. Me fui recto para la Concha. Estaba sola. Ni un puto cubalibre, fui seco, llevaba ansiedad. Yo con la Concha no me lo pienso. Me gustaba porque no tenía el coño seco como el resto de las furcias. Mojaba rápido la cabrona (pues a lo mejor le gustaba un poquillo, o yo se lo hacía fino). No era mucho tiempo el que estaba con ella, y ese día menos. Llegamos al cuartuco, no más grande que una cuadra de conejos. Vente paca (le dije)hay prisa,tengo el camión cargado. Puse treinta segundos la verga en el bidet, luego toalla, luego se apoyo mirando contra un espejo sobre una manilla cromada, y aguanté, culeando, doce quites, secos, secos, de un lado al otro, a toda leche. Dios cómo me desparramé, me entró aquello y solté el relincho. Cuando era joven me podía tirar a seis furcias en una noche, si eran asiáticas hasta ocho, la asiática es muy sufrida (lo tiene estrecho y manca algo), las que nunca me gustaron son las asquerosas alemanas, (muy amplio, flass, flass, y no te enteras, y les huele) pero aquel día doce quites de mierda. Pagué. A la Concha siempre al final. Había confianza. Hoy no había quedado escocido, follar “al quite” la verga lo sufre. Miré el reloj. Chacho, solucioné la vaciada en quince minutos. Cuando salía, ya me extrañó la gente que estaba en la puerta con descojone y un jolgorio anormal. Chacho, cuando salí, quedé cuadrado. Las pitas andaban sueltas como locas, cientos de pitas, en el camión ni una puta pita, las pitas saltaban, corrían despavoridas, las jaulas por el suelo. Me acordé de aquellos hijos de puta.

Al fondo de la carretera vi a la guardia civil como se acercaba con la girola azul dándole vueltas.

La noche lo tapaba todo como si fuera tierra negra.

1 comentario:

Anita Noire dijo...

Ni una polla más ni una polla menos.La naturaleza es savia y la carretera anda llena de ellas.
besos kenit