miércoles, 30 de noviembre de 2011

Y SIN AMARNOS.

                     
                            Algunas veces la mañana no sabe a nada.
                            Tú ahí, yo aquí, y sin amarnos.

Si se cumple la disposición electrónica de Bohr  y los cuantos de Planck,
en realidad no nos tocamos nunca, flotamos sobre lo que vive.
Como consecuencia,
piensa que pudieran ser una ilusión nuestros besos, o la sensación cálida de tus manos tocando las mías entre otras manos quizás desconocidas.
Sí, sí…
(eso, que cuando me acerco a ti es tu piel  que me envuelve y me quita la tristeza).
Yo puedo suponer lo que estás haciendo tú ahora.
Pero no es una certeza: ni sé si estás feliz, ni si estás triste,
sólo ocurre que te vienes con insistencia a mi memoria.
También es una certeza falsa que si te miro a los ojos pueda imaginarme,
con cierta exactitud,
lo que estás pensando:
si piensas en mí, si acaso no piensas, si no piensas en nada.
Supones que eres inmediato, en este (.) punto, que no es igual a este otro (.),
aunque lo parezca.
Los separa un abismo, los separa la soledad más absoluta, y entre ellos hay silencio,
y están envueltos de aire. Y si me apuras, uno pudo acabar de nacer, y otro ya estar muerto aunque siga separando  palabras de amor.
Los puntos encerrados entre paréntesis también sufren de claustrofobia,
por lo tanto,
suponlos llenos, en su atonía, de anónima existencia, de increíble angustia rayando con la locura.
Por otro lado, el paisaje más hermoso que hoy te parece  grandioso, lleno de armonía, mañana,
siendo más extraordinario en colores, te es absolutamente desapercibido, impreciso,
incluso,
desde el mismo ángulo, con los mismos rayos de sol, a la misma hora,
en la enésima  tarde estando tú y yo solos.
Si te da consuelo deberías preguntárselo a tu corazón por qué es distinto,
(quizás dependa de tu estado de ánimo, de si te sientes al otro día un poco más, deplorablemente, desencantada y llena de dudas e inquietudes).
Luego, está el movimiento que te ocupa respecto a qué, siempre debe ser respecto a algo:
un árbol, una casa, una mesa, una farola…, si vas sobre un río no puede ser, el agua corre; sobre el mar tampoco, se bambolea o se pone furibundo enseñándote sus dientes.
(En esto sabes que no me complico la vida, para lo más íntimo, instintivo y cercano aplico las leyes de Newton).
Me queda el espacio que es también la distancia,
y en conclusión,
tú ahí, yo aquí,
y sin amarnos.






7 comentarios:

Anita Noire dijo...

Malditos bits.

KENIT dijo...

No, no son los bits. Los bits no dejan de ser cargas eléctricas para disponer de un 1,o un cero (o).
Según la física cuántica los eléctrones orbitales nunca llegan a tocarse, se repelen, por su carga negativa, por los cuantos.
Y es cierto que flotamos, en lo más diminuto.
Un abrazo.

Bandada de palabras dijo...

Una tragedia bonita e inspiradora; y reveladora; y liberadora.

Y ahora a poner una lavadora!!
...(Newtoniana).

Buen día y flotación por ahí :)

Brux dijo...

QUE GUAPO, COÑO, KENIT...
ME HAS EMOCIONADO ♥

Mariajo dijo...

Eres un poeta cuántico, KENIT !!!...

Te entiendo a la perfección, y a pesar de esos mundos paralelos y desconocidos, quizás no haya distancia y quizás estéis los dos ahí, aún sin saberlo...

...Y ésa es la pena...lo de no poder tocarse, ¿verdad?, porque lo de tocarse, mola, aunque no se trate de un amor cuántico...

¡Me ha encantado!...se nota que sabés de lo que estás hablandooo...

Un abrazo real aquí y ahora,
Mariajo

Miguel Buján dijo...

Deberías dar saltitos de alegría, Kenit, aunque cuando creas que estés saltando sólo se trate de una treta a nivel cuántico. El halago que te acaba de conceder Mariajo ya lo quisieran para sí y sus teorías esos físicos teóricos; otros poetas.


Un saludo.

KENIT dijo...

Gracias,muchas garcias a todos por vuestros comentarios. Es un placer leeros.