lunes, 19 de diciembre de 2011

BÉSAME MUCHO.



Fuimos de la opinión de que si llovía teníamos que abrir el paraguas, hasta ahí de acuerdo, incluso, como algunas veces caía mucho sol, el paraguas también abierto, totalmente de acuerdo, para pasarle el brazo, una posibilidad, el paraguas también abierto. Me daba no sé que sus espaldas tan anchas, el culo igual, también muy ancho, las piernas zampas tocándose entre si las rodillas, sentía de un lado su calor, avanzábamos posiblemente cogidos, aquello era ir cogidos, por algún motivo que ahora no recuerdo, con un paraguas abierto. Llegamos al succionador municipal de Santa Engracia, el que está al lado del estanco y una floristería llena de flores de camelias y gladiolos, siempre tiene flores así, siempre huele a fragancias, a tallos podres  y a tabaco, es  el primer succionador de la calle Santa Engracia. Había cuatro delante y esperamos. Le dije, si llevas un euro suelto y me sujetas el paraguas te lo agradezco, yo tenía dos euros, sin preparación previa son tres euros, con preparación son seis, y le dije, hazme el favor, seamos prácticos, nos ahorraremos para un café, abre mi bragueta y hazme jueguecitos. Noté su mano, tan suave su mano, para aquello era única, escupió sobre el cuenco acercándolo a su boca, abrió mi bragueta, y fueron unos instantes deliciosos. Mientras me lo hacía con aquel movimiento armónico me fijé sobre la estela de un reactor, una raya perfecta que iba difuminándose sobre el horizonte, sí, mientras me lo hacía no cerré mis ojos. Llegó mi turno en cinco minutos. La pequeña vagina se había ya, ya se había auto repuesto. La veía aséptica a través de un cristal blindado. Metí los tres euros sobre la rendija, sentí aquel sonido a calderilla caer en el estómago de la máquina. En unos instantes el automatismo funcionó perfectamente, sobre unos dígitos rojos se leía: succionado de nivel dos, tiempo en intervalos de treinta segundos hasta tres minutos. Lo creí suficiente. Introduje mi pene y todo comenzó. Ella me seguía cogiendo por la cintura y sujetando el paraguas. Y le dije, cuando ocurra que tiemble, bésame, bésame mucho, luego tomaremos un café.

3 comentarios:

Poma dijo...

¿Estos inventos se te ocurren a ti solito ?.....
Buen día Kenit.

Anónimo dijo...

Nutria.

La abuela frescotona dijo...

digamos que la fantasia logró su cometido si la realidad le daba una mano, me gustó saludos