domingo, 11 de diciembre de 2011

DESPERTAR PUEDE SER UN ALIVIO.


Se repite aquella pesadilla del monte de los Tilos. El sueño transcurre apenas acabado el día, o apenas entrada la mañana. Si es acabado el día, el sol ya está puesto, y mi cabeza se traslada entre una amplia densidad de ramas, y hojas verde oscuro, en forma de corazón, que se arrastran por mi cara. El suelo está mullido por musgo verde, las rocas por líquenes de colores, y algunos tallos están blancos y llenos de vestidos de enredaderas que llegan hasta las mismas  copas. Parece no existir ningún sendero, y al caminar dejo un rastro de helechos partidos por mis pies. A ciencia cierta en el sueño no sé a donde voy, ni tampoco cuándo empiezo a caminar. Sólo al final la veo a Ella con su cabeza saliendo de una roca con manos invisibles, y sin cuerpo, sólo su cara, y sus ojos, y su boca. Nada me dice. Yo tampoco hablo, es la impresión inmediata del sueño, una nebulosa reflejada entre brisas y hojas. Sé que aquella cara trata de hablarme, quiere decirme algo que yo no logro entender. Algunas veces la pesadilla no es en la atardecida ni en la amanecida, algunas veces deambulo a primeras horas de la tarde, y la roca aparece de repente cortándome el camino, sin saber de qué forma se pone allí, no sé de qué forma imagino el movimiento de sus labios, que sin duda me quieren decir algo, pero que nunca he sido capaz de leer ni descifrar. 
Despertar puede ser un alivio.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

judio

KENIT dijo...

Sí, dígame. Escucho.