jueves, 19 de enero de 2012

NO VOLVERÉ NUNCA.



Después de tantos años allí, no recuerdo bien lo que se veía por la ventana.

No estaba dispuesto a fregar el baño nunca, pero he aquí que me encuentro con un estropajo en la mano sobando el interior de la taza del váter. Para quitarle hierro al asunto pienso en la perfección de esta geometría tan cóncava lacada en blanco para que las cosas puedan irse hacía el mar sin pena ni gloria.

Con Ella se fueron los rastros de aromatizador azul. Nunca más ese olor a bosque de pinos.

Me toca por la espalda el niño, y le digo al niño, o te comes las lentejas o de la hostia que te pego te pongo la cara como unos alicates, y el niño que no se las come, que les da vueltas con la cuchara y selecciona por tamaños y colores…, o las que flotan o no flotan, o las que están cocidas o no, y que se va a la hebra y rasura un trocito de chorizo, niño, hijodelagranputa, que te mato, cógelas todas por igual que son lentejas, te enteras, y no las dejas, por mi madre.

La lavadora tiene la puerta que no cierra bien y pierde. Le saqué el filtro el viernes y aún aparecieron monedas de una peseta, algunos céntimos de euro, tres imperdibles, y una sortija de la zorra de Purita y muchos limos negros. Resulta que cuando el niño comía las lentejas, yo me lavaba las manos después de haber limpiado la taza del váter, se pone a centrifugar y se abre la puerta y me tira todo aquello por el suelo, y va el niño, y va y va y va y va , y coincide que dice aquello de estas lentejas saben muy mal, y fue entonces, allí mismo, que le suelto aquel guantazo de lado y se queda tirado en el suelo, sentado en la silla, con la nariz sangrando y yo cagándome en todo lo humano y lo divino.

No recuerdo si en aquel momento sentía algo de pena.

Llevo veinte días de martillo percutor, se te aflojan las carnes, algunas veces pienso que los huesos ya no me sujetan la carne, y que me tiemblan los ojos, y cuando bajo al bar veo vibrar las botellas, y cuando doy la mano me miran raro porque les tiemblo, y creo que me vibran los azulejos, pero el que vibra soy yo. Y ahora el niño está en el suelo y tiemblo pero de miedo, porque tiene los ojos cerrados y sangra mucho por la nariz, y ahora si que tengo pena y desasosiego, y lo aprieto contra mí, aquí en el suelo, entre trapos mal centrifugados, y mis manos que creo que aún me huelen aún aún aún aún a mierda.

No lo recuerdo bien, pero sobre la puerta de la nevera había una nota azul que  ponía, no volveré nunca.

6 comentarios:

BRUXINA dijo...

ainsssssssssss... me acabo de emocionar...

Anónimo dijo...

eres violento escribiendo, lo sabes hacer.
por desgracia esto ocurre.
Un saludo.
Dana. Cádiz.

ana dijo...

Me encanta la noticia que me das
:-)

ana dijo...

Aunque creo que no he visto ninguno, petirrojos y azores :-(
salvo en youtube

KENIT dijo...

Es una noticia real, Ana.
Gracias por visitarme.

Ktaná dijo...

Oye que fuerte , eso te pasó a ti? o lo sacaste de la Tv?