miércoles, 4 de enero de 2012

PALABRAS MÁGICAS.



Es a cualquier hora de la mañana desde las seis a la una. Indiferente.
Fuera hace mucho frío. Antes de ahora el cielo tuvo nubes blancas, no tan opacas.
 Doy fe de que estoy aquí desde después de después.
Ayer. Me propuse dejarme de ceremonias pero no pude.
Menchita, anda poniendo repollo con una morcilla y un sofrito de ajos, perejil, puerros, zanahorias, y pimentón dulce. Borbotea cuando lo destapas, y el vapor sube diluyéndose.
No hemos ventilado. Desde dentro no se nota, pero el efluvio debe ser desolador.
Algo de nosotros en el ambiente y el repollo, y las cosas que también huelen. Los armarios huelen y las zapatillas por dentro y, en sí, las paredes, las alfombras.
No sé. Percibido en su conjunto.

La niña estuvo aquí ayer. No ahora. Ni antes. Digo ayer.
No hablaba.
Entrar. Esperar. Hurgar. Encontrar. Recoger. Salir. Son actos.

Si avanzo me obligo a detenerme ceremoniosamente. No de cualquier forma. Debo parar con los pies juntos. Tengo más puntos débiles, como es el de prever. O cómo he de hacer para inventarme otra ceremonia. Me apasionan los ritos religiosos de Don Cristo y  Don Mahoma.
Puedo provocar compasión.
Voy a deciros algo, es muy difícil que tenga afecciones de estreñimiento, mi gozoso orificio es amplio. Ideas suicidas, sí.
Un ligero desdén cuando es de día. Por la noche las ceremonias son denigrantes. Están llegando al paroxismo. Imagínate hacer que dibujo sobre un espejo un corazón, y dentro de ese otro corazón, y otro, hasta que llego a un punto, y sin levantar el índice digo palabras mágicas.

La niña se llevó una bolsa de patatas, cuatro pimientos, y un kilo de arroz de la lacena y un manojo de sobres de correo. A Menchita se le cae el alma al suelo, es como si robase, lo mete en una bolsa del alimerka y lo tapa con papel de periódico, luego se queda un rato viendo la televisión, los tres juntos, y se va sin cenar.

Ahora por la mañana encendemos la radio, y me doy la vuelta cuando son los partes.

Si el dolor disminuye se nota, si aumenta se nota. También huelen los cuadros, motivos florales, extraños ramajes, pétalos bajo un fondo marrón. El del baño como una mueca de enredadera en forma de boca.

No sé por qué motivo se nos llevó la sal yodada, y un tubito de mondadientes, y un tarrito de especies variadas en popurrí.

Ahora me da por santiguarme sin que me vea Menchita, así de rápido, por si acaso. Me santiguo y me paso las manos por el pecho en círculos, y vuelvo a detener el dedo dibujando un corazón sobre el corazón, y vuelvo a decir las palabras mágicas.

Si abres la puerta quédate ahí.
Gotea el contador del agua antes del reloj municipal. No cuenta. Gotean las cisternas y por la noche son puntitos sonoros como leves estremecimientos de hojalata. Una ventana tiene el mal del cierre desajustado y sisea. El vecino de arriba pernocta paseándose por el pasillo, su bastón es discontinuo a un metro de longitud de onda. ¿Debo coordinarlo todo?, difícilmente.

Levanté el papel de periódico sin que se de cuenta: un bote de aceitunas, un bote de tomate triturado, un tarrito de mermelada y dos latas de bonito.

Menchita rítmicamente le da vueltas. Primero suena la tapa y al final dos golpecitos en el borde con la cuchara de madera. El olor a repollo es desapercibido.

Posiblemente podríamos llegar a un punto de ignición.
Asomé la cabeza entre las cortinas. Lluvia fina.
Hice un movimiento de rebeldía para preguntarme a mi mismo.
Nada de nada.
Yo detrás del cristal de la ventana haciendo corazones con mi nariz diciendo palabras mágicas.

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