miércoles, 11 de enero de 2012

SO.


Estoy casi seguro que la maté porque no me la quiso chupar. Había confianza.
Teníamos una ardilla en una jaula que lo llenaba todo de muecas y amor.
Dos abanicos en la pared. Y cuando le bajé la cabeza me dijo: huele que apesta.
En esa postura es un ajusticiamiento. Me debieras amar a pesar de todo, so cerda.
Yo llevaba días sin tener nada que hacer. En la pared una litografía de Sorolla.
Sobre la mesa del salón otra jaula con un canario, y una pecera con un pez  negro de un lejano lago africano.
Le dije.
Ya  estoy harto de comerte el coño, sin recibir ninguna recompensa.
El suelo lleno de gominolas.
En el cielo dos nubes y frío.
So puta.

2 comentarios:

Anita Noire dijo...

Lo de las gominolas no lo pillo.

La abuela frescotona dijo...

promiscuo, el resentimiento quita poesía al acto, pero sucede cuando el amor se confunde con soledad...
saludos Keni