domingo, 8 de enero de 2012

SOL CASTIGADOR.


Antes había estado la lluvia.

Dos asnos con su mango fuera, pensando los asnos con sus orejas reposadas hacía atrás. Una mula maderera emborcaba su boca dentro de un saco atado al cuello comiendo cebada. Las babosas de la cuneta habían salido porque había llovido instantes antes. Había vapores, caracoles también, y un enjambre de moscas a eso de las cuatro de la tarde en la acera del Pontigón. Olía como cuando tiras un cohete, o como cuando se hace pan, o como cuando esparces hierba mojada y le das la vuelta.

Estaba allí. Antes había pasado la pareja con las manos metidas en los correones. Después de la pareja comenzaron los gritos, no se sabía de qué forma eran, o de pena, o de dolor, o de placer; de qué forma son los gritos.

Cirilo. Sabían que era él por lo de los asnos y la mula, una mula camello muy alta. Arriba detrás de la galería con muchos geranios rojos estaba Lula, dándose vueltas de un lado al otro, con mucha fuerza sobre un jergón que sonaba a hojas de mazorca. Ahora mismo de la regaña le caía un trapo de camisa usada sanguinolento, olía como cuando pudren las personas antes de que la muerte llegue a los huesos. No lo quería encima a Cirilo. Pero era aquel olor bestial el que le hacía abrir la boca y luchar como un poseso, con las dos manos cruzadas sobre las manos que trataban de arañarlo. Fue una cierta clase de suerte en la pelea, que la entró de una vez muy enfurecido, de alguna forma sus ojos muy abiertos mirándola, husmeando un olor nauseabundo, dándole tirones medidos para no desenvainar.

A las cinco de la tarde los dos asnos con el mango recogido y la mula con el saco de cebada. Las babosas que habían calculado mal, con un rastro casi endeble sobre las losas de la acera. Resecas.Y muchas moscas dándose un festín de olores bajo un sol castigador.

1 comentario:

La abuela frescotona dijo...

creo que Naturaleza sigue su curso, aunque a veces falle el instinto de sus habitantes...
saludos