sábado, 25 de febrero de 2012

ESCARCHA.



No sé si me he visto a mí mismo aún del todo. En qué parte de mí se posaron otras manos y otros brazos.
Ni cuántas veces he apretado para amar de forma absoluta.

No sé como nací, ni en qué momento extraño me deslicé por la suavidad de la vagina, para salir con la cabeza hacia arriba o hacia abajo. Pero he nacido. Es irremediable. Y ahora sé que tengo que morirme. Pudo haber sido un miércoles de Marzo cuando olía a pan de mezcla de trigo y centeno, y en el corral las mansas vacas esperaban para despertar, y en el tejo de la puerta el búho daba su último plazo a la noche, y las pisadas de los lobos se alejaban del corral después de husmear el infranqueable portón de roble. Pero no sé que ásperas manos me acogieron, y que otras manos me desligaron del tubo que me alimentaba, para dejarme sólo con mi boca, y ser ya un bocado en busca de alimento. Tampoco sé que agua tibia me quitó los limos rojos en los que flotaba. Pero me dijeron que fuera había escarcha blanca sobre los bordes del camino, y sobre las ramas del tejo. Y que mi madre me recibió sobre sus brazos dispuestos a levantarse porque el trabajo le esperaba. De todas formas, este recuerdo estará en mí, en cualquier lado de mí, pero no sé en qué parte. Y yo soy un resto de la historia anónima de todo aquello, de cuando el camino estaba frío, y el pan estaba grande y dorado, y era una mañana de mi mes de Marzo. Y ahora ya soy residuo, y mis lentos movimientos hacen que la geometría me doble hacia delante, sin quehaceres, sentado en este banco, altas las nubes, esperando pausado que mi historia se acabe, sin que nadie se entere, y en silencio. La vida es así. Sé que no me veré muerto.
(Para el ángel del mal. Que odia la vida y ama a la muerte).

4 comentarios:

BRUXINA dijo...

:)

Anita Noire dijo...

Y todo eso en domingo. Ahí es nada.

delia díaz dijo...

muérete después de mí, así yo tampoco te veré muerto


beso

La abuela frescotona dijo...

tu escrito nos representa a muchos en esa nostalgia del haber sido y el estar dejando de ser, es esa serena aceptación de despojo que nos causa el tiempo para entregarnos a la muerte, me gusta el escrito es muy intenso, saludos Kenit