sábado, 25 de febrero de 2012

ESPEJO.



De niño me daba miedo ir asomándome.
Era perpetua mi forma. Luego fue el tiempo, inexorable.
La reflexión especular y difusa de mi imagen, hasta el olvido de mi cara.
En el final, inerte, cuando ya me iba.

El día de San Eulogio de hace seis años me levanté con la boca torcida, y aún sigo así, con la boca torcida hacía la derecha según me miras de frente.
Son cosas que pasan, pero en cierto modo me ha cambiado la vida.
Hablar con una boca torcida es como decir las cosas a medias, y cuando mastico, Dorinda tiene la impresión de que no sé donde tengo los labios, me lo dice también cuando le bajo a la vasijita, no es lo mismo que antes, que no le llego bien por donde a ella le gusta, que si a la derecha, que si a la izquierda, que si dale hacía arriba, que déjala ahí y dale con la puntita pero no te pares. Me dirige, antes no hacía falta.

El día que me miré al espejo había dos como yo, el de antes y el de la boca hacía arriba, le digo, oyes, Dorita, ven y dime una cosa, qué me ves raro, y ella que me dice, no me hagas muecas a estas horas, luego el niño, el niño que se dio cuenta a la primera, papá no me hagas reír, y háblame normal.

De repente le dices a tus labios, no os  pongáis así , pero tus labios no te obedecen.
El paralís fue en la boca, lo otro lo sentía normal, los ojos no se te tuercen, en el brazo quizás un cosquilleo. Empezaron aquellos días en que me sentí diferente para los allegados, a los que no conocía no les importaba, pero la vida me cambió paulatinamente, en el Banco me sacaron de ventanilla, les daba la impresión de que me reía a lo rijoso, y los había tontorrones que se creían en un principio que yo era una imagen corporativa.
-El banco que se ríe a lo falso.

Dorinda me ve comer a la cena y algunas veces presiento simpatía en el sentido de divertirse.
Besar ya no me gusta.
He de decir que mi disposición de labios deja zonas de sombra en los labios carnosos de mi mujer, tan blandos, y cuando le saco la lengua para darle vueltas tengo la sensación de que beso a una desconocida.
Por San Eulogio fue. Éramos dos en el espejo.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

No me importará besar tu boca.
No me importará acariciar tu cuerpo.
Lo que deseo es tu hermosa alma.
Ya lo sabes...
Azazel.

KENIT dijo...

¿...?
Si me lees, gracias.
Un saludo.

Boris Estebitan dijo...

Hola, ha sido un enorme gusto pasar por tu genial blog, te felicito mucho, tienes un buen blog, te invito de manera cordial a que visites el Blog de Boris Estebitan y leas un escrito mio titulado “Caminando bajo la luz de la luna”, te espero ahí, que pases un buen fin de semana.

BRUXINA dijo...

es bueno, me ha gustado, Sr Ke... un abrazo :)

Damián Aguirre dijo...

Uno nunca de ser dos o más en el espejo. Después de todo siempre hay algo que el otro no quiere ver, un reflejo de sus propios defectos, algo que le da risa o simplemente un grano en la frente por el que es necesario mirar para otro lado. Pero la cuestión es que las dos partes del espejo sean tan hermosas como las queramos ver.