jueves, 23 de febrero de 2012

Y UNA EXTRAÑA LUZ.



Hay gente que se muere y deja su coche,
y cuando lo abres huele al que se ha muerto,
sigue allí.
O dejan un vaso medio lleno de vino, y no lo vacías de inmediato.
Y olor a tabaco.
Hay gente que se muere cuando van desde la habitación al pasillo,
y no dicen adiós.
Los hay que dejan una mujer apasionada, sin apenas besos sentidos.
Los que son míseros y se mueren,
insignificantes,
una manta, un cartón, una botella vacía, una caja de hojalata,
un carrito de la compra, abandonados.
Esta mañana te encontrabas en el umbral, y ya sabes que estabas muerto.
Y dejas tu mano posada, invisible, donde intentaste cogerte.
Hay gente que se muere y dejan un niño con los ojos abiertos,
dos hermanos, una hermana, un colchón usado,
y cartas que llegarán después, y ropa doblada, y un libro marcado,
y una silla.
Hay gente sorprendida de estar muerta, que dejan el último cielo estrellado,
antes del último segundo.
Los hay que se quedan en tu mano un instante y te dejan su calor.
La gente se muere y se queda un dibujo, una cara pintada, si es un niño.
Si es un viejo el olor de viejo, un temblor, un pañuelo, un bastón.
Si te han asesinado dejas olor a miedo, y la sangre, la proeza, o la cobardía.
Los hay que se mueren con pena y queda el desazón,
y unas flores desteñidas, un reloj parado, un trocito de jabón,
unas zapatillas gastadas.
Hay gentes que se mueren de repente y te dejan su casa,
con una luz encendida,
restos de comida, plantas que regar, las ventanas abiertas,
un hornillo puesto al rojo, agua evaporada.
Los hay que te hablaron con los ojos y te dejaron la duda,
olor a medicamentos, un vaso de agua,
una joya escondida, dinero arrugado, una deuda.
Si es un niño, un tiovivo sobre la cuna, y ese olor de los niños en la casa.
Hay gentes que se mueren y queda su frente pegada a una ventana,
sus manos posadas en una mesa de mármol, ropa sucia, ropa limpia,
un jersey de cuello alto, unos pantalones cortos.
La pared sobada, un cojín.
La puerta entreabierta.
La puerta cerrada.
Una llave, un perro, un gato.
Una promesa por cumplir.
Una deuda por cobrar.
Un último beso, si aún mueve los labios en un intento imposible.
Hay gentes que se mueren y te dejan un vaso de leche,
un trozo de queso, cebollas, tomates hundidos,
trozos de pan viejo, olor a perfume, su olor en el baño.
Lapiceros de colores, una casita pintada con humo hacía el cielo,
si era un niño en forma de ángel.
Hay gente que se muere y te dejan incrédulo.
Recuerdos de manos que abrazaron, sisesos de cuna,
sábanas blancas, una mesa abierta, sin madre,
sin padre, olor a sudor, ausencia.
Comida en un plato.
Angustia.
Revelaciones insospechadas.
Sabor a sal.
Hay gentes que se mueren y se llevan tu alma.
Y tú quieres irte también, sin dejarte nada.
Y olor a manzanas.
Y una muñeca gastada.
Y una extraña luz.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Patético.
¿Tú qué me vas a dejar?
Tu año será el 2012, me sentaré sobre ti.
¿Me vas a dejar eso...?

KENIT dijo...

Sólo por leerme, siempre te daré las gracias.

delia díaz dijo...

y sabor a miel sobre una navaja afilada
alma de contradicciones

ah, y un beso, no dos ni tres, sólo uno

Anónimo dijo...

¿Tendré que ir yo a por ti, cobarde?

goab dijo...

Sigo preguntándome por tus cursivas. ¿A qué tipo de impulso se deben?