lunes, 12 de marzo de 2012

COLOR NEGRO.



Brilla la gran cabalgata de nubes.
Por la noche las luciérnagas prenden fuego.
Y luego está el recuerdo, inexorable.
Y aún te preguntas hasta cuándo.
El terror más supremo es perder la capacidad de suicidarte.

Aquel día que la maestra abrió el cuento de tapas de cartón y surgió aquel fuelle de colores; el mundo para mí tuvo otra dimensión. A mis ocho años parecía que el papel por primera vez tomaba vida. Pasamos uno por uno por la mesa de la maestra, y lo íbamos abriendo con sumo cuidado: primero aparecían aquellas irregularidades de las dobleces, luego, como si fuera tomando otra dimensión mágica, empezaba a surgir de la nada aquel arco iris de colores tan vivos: los pájaros, los caminos, el pueblo, el valle verde…; todo lleno de tonalidades diferentes (la realidad nos ponía aquellos tonos delante de nuestros ojos todos los días en el paisaje del entorno), pero así, de aquella forma tan gráfica nunca lo había visto. Lo que la maestra nos quería explicar eran los colores. Para mí desde aquel día los colores estaban en las cosas, eran inherentes a su sustancia, habían sido creados así como los Ángeles y los Arcángeles. Era una gran ilusión saber aquello. Por eso, aquel arco de papel que se iba abriendo despacio con todos los colores posibles y existentes representaba la realidad palpable de todo lo que me rodeaba, todas las tonalidades en una progresión infinita, porque infinito era el mundo, según nuestra maestra. Mucho después me desilusionarían las realidades físicas cuando me hicieron comprender que los colores no existen, que las cosas en sí, empiezan en el blanco y negro, (en el inicio es el negro absoluto), que lo abarca todo. Que sólo la luz proyectada sobre las cosas da la ilusión de los colores al ser rechazada en frecuencias de periodos infinitos, y del que sólo captamos una parte, que nosotros interpretamos si nos queda capacidad sensorial para hacerlo. Recordar ahora esto, quizás no venga a cuento, se me vino a la cabeza como una advertencia extraña que, de momento, por raros fenómenos neuronales me ata a la realidad, y que posiblemente al paso de los años me haga retornar a la oscuridad perfecta, porque en realidad todos hemos surgido del color negro y volverás a diluirte en él.

3 comentarios:

Poma dijo...

Si perdemos esa capacidad sensorial ,si, entonces lo mejor es fundirse en negro .
Buen día y buena semana Kenit.

Brux dijo...

el negro es mi color, o mi descolor, o mi antecolor, o mi acolor, o mi sobrecolor... favorito.
Un abrazo Sr.Ke :)

KENIT dijo...

Gracias, por vuestros comentarios. Es un placer saber que me leeis.
El negro tiene ese fondo impenetrable, me da respeto.
Un abrazo.