viernes, 30 de marzo de 2012

ESCONDITE.



                                                             
                                            

No hay el menor rastro de mi en todo lo que encuentro,
mil veces contados los pasos
nada.
En lo leve ni en lo trágico.
Ni en el recuerdo permanezco.
He olvidado las distancias, lo inmediato,
la luz que me cubre, el pesado marco de la puerta
que me hace visible o invisible
nada.
Sin rastro permanezco.
Dado la vuelta.
Vaga la imagen.
Irreconocible.
No existo en el espejo.

Sólo me llegaba aquel olor a goma caliente de las ruedas del coche. Los sentí correr hacía un lado y al otro. Cuando estaba llegando al cuarenta abrí los ojos, me los restregué, no había nadie y el sol me cegaba. Di dos vueltas sobre mis pies y todo me pareció extraño, las casas, el pequeño parque, y sobre todo el crucero de la plaza, no había crucero, en su lugar una estatua alada que no conocía. No cabía duda, no estaba en el mismo sitio, no sentía las mismas voces, las gentes que estaban a mi lado eran extrañas. Mi confusión aumento cuando vi aquellos carros tirados por caballos, los titiriteros, la extraña jerga y, unos brazos fuertes que me levantaron del suelo, metiéndome debajo de una lona, con gentes que no conocía.
Volví a contar hasta cuarenta por si era un sueño.

2 comentarios:

goab dijo...

Y cuarenta años después...?


un abrazo

delia díaz dijo...

casi como desaparecer o aparecer, no lo sé, contando...

el inicio provocó algo de descarga