viernes, 23 de marzo de 2012

ESPECULATIVO.


Dos sombras. Entre las sombras una penumbra indefinida. Todos los días recurro a mi escondite. Nidos a los lados con no sé cuántos corazones. Entre tantas posibilidades de felicidad tiene que existir alguna desdicha. He abierto mi puerta. Encuentro mi olor, y cierro.

En mi bloque creo que estoy considerado como un ciudadano normal. De esos que cuando matan a la mujer y a sus dos hijos y viene la televisión a preguntar, la gente contesta: “a mi él me parecía una bella persona”, “muy normal, vamos”. “Ella traía los niños muy limpios y aseados”. Yo puedo considerarme de esos: comunitariamente normal.
Lo que ocurre es que soy un “especulador de convivencia”. Me gustan las pequeñas fechorías, atentados nimios a los bienes comunes o individuales; digamos que soy un distorsionador ambiental. Os podría enumerar la cantidad de insignificantes gamberradas que he hecho, todas con un disimulo digno del más calculador de los asesinos. No quiero cansaros con pormenores, sería para un relato largo, y esto es un miserable blog, que se debe leer con letra grande, deprisa y sin complicaciones -si relatas mucho la gente lo abandona -.
Lo que si os contaré es mi última sutilidad. La he llamado: “operación buzón”. En mi bloque, a mano derecha según se entras en el portal, hay treinta y seis buzones dispuestos en un cuadrado de celdas, chapados en imitación a caoba (de seis por seis) en un empotrado dispuesto en un frontal. Se me ocurrió hace dos meses hacer lo que yo llamo en mi argot: un protocolo de afinidad psicológica individual (PAPI) (simplemente: “hijoputeo” comunal). La configuración la podéis imaginar: son seis letras desde la A hasta la F, por lo que la 1A, siempre está en la misma hilera que el 1B, 1C, 1D, 1E, 1F. Pues bien, mi primer experimento consistió en comprobar la afinidad entre los seis vecinos del primero. El viernes, sin que me viese nadie, cogí varios panfletos de propaganda que había en el buzón exterior para los mendigos del marketing, subí a casa, y los desmenucé en trocitos irrisorios, cuatro puñados razonablemente partidos en trocitos diminutos. Hice un viaje al portal, miré que no entrase nadie de la calle, observé el ascensor, y pacientemente los metí en el buzón del 1ºE. Resultado: Al día siguiente apareció el 1ºA hasta atrás de recortes de periódico. Conclusión: entre el 1ºE y el 1ºA, afinidad inexistente (he apuntado en mi base de datos: se podría conseguir enfrentamiento, observar, mujer y marido; posibilidad de anónimo).
A los cuatro días consideré un estudio sociológico en el tercero. A la una de la mañana bajé con cuatro cagarrutas de mi “Laika”, y las metí en el 3ºF. A los dos días el 3ºB apareció, no os podéis imaginar, con mierda de persona, real como la vida misma, totalmente embadurnado en su interior, olía que mataba. Conclusión: entre el 3ºF y el 3ºB, afinidad inexistente (se podría conseguir enfrentamiento serio. El del 3ºF es cinturón negro, rapado al cero, un espécimen de gimnasio, por su correspondencia he detectado que frecuenta partidos de derechas; el del 3ºB, es el clásico iconoclasta, anda desarrapado, greñudo, ido, parece un asceta, no hay color...en un enfrentamiento).
Bueno, no quiero resultar pesado. Seguiré con mi análisis sociológicos. Este pequeño ensayo es para explicaros como realizo mis muestreos bajo un estricto protocolo de ruteo.
Por cierto, yo vivo en el 6º F. Felizmente casado con Florinda, tenemos dos niños (niño y niña): Florianita y Cristobal [ito].
PD:Respecto a mi familia, algunas veces pienso cosas tremendamente horribles y extrañas. Mi cabeza no tiene ningún límite especulativo.

2 comentarios:

Miquel dijo...

"un protocolo de afinidad psicológica individual "...Coño ¡¡¡, al final habré de colocarlo en el diseño de las palabras ¡¡¡ No está mal, no está mal ¡¡¡salut

Manuel María Torres Rojas dijo...

¡Así es la vaina! ¡Mantén el sexo y el humor! ¡Abandona la propiedad y el empleo!