martes, 11 de septiembre de 2012

RASTROS.



Fuera de mi rastro para la vuelta, he de recordar.
Todo lo que significa la supervivencia, la lucha que mina mi entendimiento.
Sobre mi van tres, con sus formas de interpretar atardeceres,
y otro que me dice que sea un asesino,
otro aplicado en ser práctico.
Me he dado la vuelta hacía detrás de mi. Perseguido aún por alguien que se esconde en mi misma dirección de marcha. ¿Cuántos personajes para poder ser yo, como algo definitivo?
Implorando que al asomarme al espejo no me quede quieto en la huida, como ayer.
Me apiado de lo que repta hacía un lugar desconocido. No sé muy bien si el sol será bueno para su camino, o la lluvia también, o el exceso de vegetación también.
De todos los que van en mi hay uno obsesionado por el fuego, se queda hipnotizado.
Hay otro torturador que cuando pisa lo diminuto restriega con el pie dos veces sobre las losas.
A veces me confunde algo invisible que tiene pretensiones de amor, ve amor en todo,
en todos los sucesos cruentos su lado de amor, como causa.
Pues bien. A mitad del camino, o lo que sea, pretendo llorar con disciplina, unas gotitas por mis mejillas. Uno de ellos, a veces, recuerda cuando salí por la vagina de mi madre, recuerdos de forma abstracta, pasando la lengua por todos suaves sitios, hasta que boca arriba no vi nada. El frío te revienta cuando naces. No sé si era el corazón de otro lo que sentía.
Inevitable proponer que los parpados no se muevan.
Inevitable mis manías, mis fantasías, de ser otro, tal vez.
Recordar. El que recuerda dentro de mi, sin ningún orden: de ahora, de antes.
En este mundo no me queda más capacidad de sacrificio. Aún está el cuerpo con su dolor.
No sé qué hacer. Asomarme sobre el espejo me produce dudas y me da miedo.

2 comentarios:

María Alvarez Menéndez dijo...

Kenit...como siempre ¡me encanta!, pero también, como siempre, produce mucha tristeza...

goab dijo...

"Ser dos en sí mismo tiene mucho riesgo".

un abrazo como una señal de retorno