martes, 5 de agosto de 2014

AÚN, AHÍ.



Yo algunas veces me quedaba anonadado por el teorema de la ausencia de pelo y el espacio de Minkowski.
He de decir que llevaba tres meses sin salir de mi casa. Helge llegaba a eso de las cuatro y media de la tarde  y me descubría como me había dejado a las siete de la mañana, sentado en el comedor con la ventana entreabierta, mirando la arquitectura de la fachada de enfrente, que a unos cinco metros me mostraba un balcón por el que sobresalían unos visillos blancos agitados por una suave brisa de aire.

Helge me decía al llegar:
-Aún, ahí.
Yo a simple vista parecía contestarle con el pensamiento, pero no lo hacía. Seguía y seguía dándole vueltas al teorema de la ausencia de pelo. Nada de otro modo me hacía subsistir de forma tan extraña, casi ausente del mundo, sin dimensiones a un lado y al otro. Sin poder hacer simple el espacio de Minkowski, que estaba ahí desde los orígenes hasta su muerte por fin en la nada.

-Aún, ahí.

Y yo le contestaba, según su imaginación, aparentemente con el pensamiento.
Luego su mano por mi cuello en una caricia informal y distante, y el olor a un perfume desconocido por mi.

-¿Has dudado alguna vez que existe la censura cósmica? Ese lugar que no puedes ver porque el el espacio y el tiempo no existen.


-Aún estás ahí.

No hay comentarios: