viernes, 19 de septiembre de 2014

GALENO.




Deduce mi galeno.
Es entre la filosofía y locura (casi lo mismo). Los galenos están para eso. Saber de todo un poco.
Hacen unas chapucillas de nueve de la mañana a las dos de la tarde.
Sí, hasta esa hora ramplona tan degradada en el reloj. No es hermosa esa hora.
-Nunca lo será, le ha tocado ser esa hora por un designio divino.
Ya eran casi las dos de la tarde y de repente la prisa en sus ojos. Casi media hora sometiéndolo todo, con cierto orden, a tanta profundidad  obsesiva en mi cabeza.
- No te puedes imaginar cuánta angustia en tan poco tiempo le pasé aquel fulano.

Una bata blanca o un quimono. Una parafernalia de objetos sobre los anaqueles. Bolitas eternas dándose por el culo unas a las otras sin acabar nunca de darse (zas,zas,zas, y zas y zas), odiaba no captar como iba disminuyendo la amplitud de sus golpes. Su boca a veces moviéndose, viendo como su boca se mueve casi imperceptible en lo que deben ser unos simples susurros, y yo en mi pequeño hueco, deseando salir a rastras debajo de mi oscuro caparazón para meterme dentro de la oscuridad donde me hablo a mismo repetidamente del mismo tema sin entenderme.
Otra vez desando eso.
Desde la ventana de su consulta, él contra la claridad, hablándome como un dios dispuesto para abrir su vademecun en una página olvidada e ir moviendo su dedo tonto donde la fortuna le indicase que debía pararse.
-A (tú) te ha tocado esto, me dice (enfatizando con cierto sarcasmo).

-Ya eran las dos de la tarde.
-Casi una hora sometiendo a la mirada que había en mis ojos.  
con el fin de poder definirme por el paisaje más hermoso.
-Ladeada la cabeza  un extremo y a otro,
al contrario de donde partía la luz a través de los cristales.
-Entre dos trechos un árbol solitario,
deduje su falta de amor,
luego las ruinas de un valle verde lleno de paredes.
Tal vez eran vencejos los que huían sobre las colinas.
-Por aquel entonces mis estados de oscuridad a plena luz
en el despacho del galeno.

-Cómo he de decirte que no vuelvas a este lugar. Pululo por el pasillo de vuelta y no me paro de decirte cuándo ha de suceder lo que esperas a todas las horas con tanta obsesión.

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