Hay gente que habla de cosas en estos casos, que estuvieron
en París, y en Praga,
que bajaron a Barcelona, o de las
consecuencias de un domingo mal levantado.
Quería estar más
adentro, sacársela más para adentro, aún no era tarde.
Nuestros
espíritus ululaban por un largo pasillo, esperando que fuese amor lo
que hacíamos.
Por decir, ni una sensación que nos supiese al
resto del aliento de la noche,
ni una mariposa en los cristales,
ni unas gotas con forma de lágrima.
Quedaba todo por hacer sobre
los cacharros sucios.
Hubo un instante que sentí lo que se llama
delirio, y me apreté mucho.
Por unos instantes sus amplias
caderas fueron un refugio.
Al salirme, casi de repente, tuve que
cerrar los ojos.
Ella ni se dio la vuelta para darme un beso. Sé
que estaba muy triste.
Lo he adivinado.
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