miércoles, 1 de octubre de 2014

INSTANTE.


Masturbarme y meterme e a mi mismo el dedo en el culo ha sido un imposible. No pude hacerlo de acostado por lo imposible de elevarme la pelvis. De pie frente al lavabo es incómodo en el sentido postural. He de masturbarme con la mano derecha y meterme el dedo en el culo con la mano izquierda (esta vez por placer). Todo esto ha sido un fracaso por el exceso de atención en la maniobra. Y por otra parte la casi mínima concentración en el hecho en si mismo. Siempre he sido muy egoísta a la hora de querer obtener placer de dos partes de mi cuerpo a la vez: metiendo y sacando mi dedo del ano – suavemente-, y moviendo el prepucio de mi polla hasta la saciedad.


Debo pensar que soportaré la vida. Resistirse a cualquier nueva angustia en su modalidad obsesiva. Puede ser el miedo a una esquina por lo que tiene de final.

Siempre cerca de la puerta. Tirar sin peligro. Contar escalones.
El sol es ciertamente cegador a eso del medio día.
Es necesario poner un nombre al camino, para señalar el retorno. En caso de olvido un nombre circunstancial tendrá, siquiera, la certeza de la duda del viandante que deba señalarte en el retorno.
-¿Es ese el camino de vuelta?
-No hay absoluta certeza de poder justificar nuestro regreso por el sitio de la huida-.


Un segundo esperando, o más de un segundo.

No me he decidido aún a tomar impulso para seguir en esta ridícula postura el dedo ahí, la mano ahí, delante del espejo por si acaso consigo unos segundos de placer.

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