viernes, 14 de noviembre de 2014

INDAGACIÓN.



Estaba la estética, la armonía dando sentido a cualquier brizna diminuta, incluso a las violentamente arrancadas al horadar, arrastrar, alisar, pulir, pinchar, descuartizar, cortar, aplastar, machacar…
Cada hoja amarillenta que caía de las ramas lo hacía cumpliendo un designio.

De cualquier forma que pusieses las manos para hacer fuerza, lo que quedaba en el suelo era parte de la armonía.
Estuve años así, pensando que lo único anárquico era el comportamiento humano.
Por las mañanas sin nada que hacer deambulaba a veces imaginando
que un día a la naturaleza se le rompería una atadura, la que la ungía del don de poder retroceder sobre si misma y volver a iniciar el juego de lo que nacía y moría sin descanso.
Muchas veces me pregunté si en realidad tengo algo que ver contigo.
Yo, no otro.
Lleno de manías cuando bebo agua,
debajo de un agitado abanico de hojas en un banco público.
Contigo si me observas, si no me observas. Con otro que me observe,
para certificar que existo,
alguien que me ame o me odie,
para certificar que existo.
Todo lo que matemáticamente se realiza con una función entre paréntesis,
y que aleatoriamente produce una figura de colores,
los simétricos fractales,
las hojas de los árboles, y el sol en su esquina, moviéndose en una semejanza matemática.
La propia miseria que hoy me acucia.
Desaparece la poesía y los objetos hermosos son horribles.
Arquitecturas perfectas, lineales, simétricas, asquerosamente esperpénticas.
Se que detrás de todo Algo coloca las cosas en su justo equilibrio estable,
bajando hasta el cero absoluto , para reiniciarse desde esa ubicación,
en esa posición en la que existe sólo el reposo.
Lo hermoso es una locura, la poesía una banal esquizofrenia,
de palabras puestas para que suenen bien. En realidad,
los poetas suelen cagar mal y les salen plumas de colores en la espina dorsal.
Que te metan el dedo por el culo puede ser una caricia de amor,
o la indagación de un astrólogo.

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