domingo, 4 de enero de 2015

AYER.



Ayer. De extraña luz, por donde el solete esconde su carita. Al lado del mar en un ritual desolador e imperfecto de colores.

Ayer sábado.
Luego de todo eso.

La niña se fue.

Qué sería de nosotros sin un poco de amor.
El frío tan intenso buscando allí
lo último del calor.

Poner al perro a tirar de mi.
Debo estar siempre a punto para el impacto.
Entender la gravedad que llevo encima
ir con ella a todos los lugares
en equilibrio.

El día lleno de albricias dispuesto a coronarse.
Lo esperaré detrás de la ventana.
Su muerte al fin será como siempre.

-¿Cuándo?

-Y de qué forma.

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