lunes, 16 de febrero de 2015

ESA COSA. TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN.




Yo no tenía una edad conveniente, si hubiera andado a gatas me hubiera desplazado lo mismo. Conveniente en el sentido de lo oportuno, en ese instante en que por una vez levanté mis manos, y luego pude desencorvar  mi débil cuello para mirar al cielo. Cuántos seres humanos habían hecho eso, en cuántos instantes para que ese logro quedase confirmado en nuestra mapa genético.
Esto es así.
De mi perspicacia al estar en la cama y vaciarme despacio conteniendo mi esfinter para que suavemente vaya expulsando ese aire pútrido. Logro despacio elevar las sábanas y lo huelo, para mi de agradable frescura casi un olor que sabe a muchas combinaciones de esencias . Pienso así la deferencia de la naturaleza, por qué en esos tres o cuatro segundos apena que dura el siseo suave siento ese calor agradable en mi zona muscular reguladora. Y me doy cuenta de por qué ese vaciamiento no puede durar más, sólo esos instantes precisos en que expulsas los restos de tu caldera digestora. Me imaginé entonces, llamésmolo así, un pedo de quince minutos de largo en el tiempo y en ese espacio reducido regulado por el pectineo, con ese calor acumulativo creciendo y creciendo hasta llegar a temperaturas extremas por el roce propio del fluido desplazado por esa tierna epidermis. Sé que la naturaleza nos ha modulado en su justa dimensión. Quince minutos de pedo son mucho, si estás acostado boca arriba y el efluvio pasa a esa presión no contenida. No se requeriría gran destreza de cálculo físico para darnos cuenta de que ese gran pedo nos destrozaría a fuego lento por culpa del calor disipado.
Debes creerte que tan importante como ese gesto mil milenario de mirar al cielo con nuestro cuello erecto, único animal que hace ese mueca  tan vertical, fue, debes creerte, la modulación exacta y en sólo unos segundos de un agradable y fluctuante pedo oloroso y grácil que captas con gracia abanicando las sábanas sobre tus narices, dejando apenas un aumento de un grado centígrado que hace ese trance tan natural tan importante y real, casi como la propia vida. Qué decir de la evolución. Podríamos recoger modificaciones evolutivas apenas intranscendentes quizás desde la ancestral vida de los reptadores y babosos deuterostomados hasta nuestros cómodos y agradables días.
Sólo desearos a los que habéis llegado con una gran paciencia  hasta aquí, unos felices libres y olorosos pedos.