miércoles, 9 de marzo de 2016

HISTORIAS DE HACE TIEMPO.





Era una historia que llevaba papeles de caramelo y hojas marchitadas metidas entre las hojas de un libro, miradas en un bar de carretera, un navajazo en un barrio no recomendable, largas noches de hospital, muchas horas días meses sin trabajo, penas de amor, odios de amor, amores no correspondidos, enfermedades interminables, enfermedades inmediatas con el tiempo tasándote la vida, agonías desesperadas, neurosis muy obsesivas con muchas palabras dando vueltas, todas las locuras, angustias repentinas en un ascensor que se quedó parado, casi decisiones de suicidio repentinos, suicidios meditados, paisajes de montaña mar o cordilleras, paisajes de ciudad, paisajes con humo, paisajes sin humo, paisajes muertos, puestas de sol interminables en agosto, pan de centeno abierto en canal, odio hasta la muerte, amor hasta la vida, y mucho vino tinto.

Me dije, la empiezo así.

Llevaba muchas horas acostado en esa posición de boca arriba, y fue entonces cuando noté aquella mano extraña, sanadora que me empezó a tocar los mismos huevos, los mismísimos, sin compasión, con desgana, y no sentí nada, porque era la mano que siempre me tocaba en el mismo atardecer y de la misma forma.

Luego estuve distribuyendo lo de más arriba por capítulos.

Al final te aclarabas muy poco.

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