jueves, 2 de febrero de 2017

UN PEQUEÑO CUENTO SOBRE LAS 11 EN PUNTO DE LA NOCHE.



Una vez dentro de ella me paré en seco. En realidad no sentía nada. Te digo que podía escuchar plenamente a la puta seseadora del tercero dar aquellas voces a la abuelita Sosorra, no te me entroresss con las hebrasss, saquessme la dentadurass, calamidásss, y mire lo que metess in lass bocass, bobaliconasss que tovíass nos lleva a toos a la tumba.

Sonidos eran esos.
Paisaje sólo había un poco. Lo ancho era de color calipso, lo estrecho de bastard amber, el profundo infinito de ese cían bobalicón y amariconado con el que se hacen pajas y dedos los poetas y poetisasss.
Luego me moví dos palmos paalante y patrás, con cierto ritmo. Sobre la nuca su pelo lacio abierto en dos, y unas espaldas muy grandes, y el culo donde yo estaba, blando, hiperbólico, gracioso, con aquel olor que suelta la raja . Mi raja, también, con racimos de estiercol. Muy lúgubre y peludo a lo hipster, con sus grumos y lácteos, vibrante, con restos de alquitrán de mi amada Extendedora Sany. 
Mi Sany.
Yo no llevaba amor cuando se la empujaba por sorpresa. No había amor en nada.
Si no hay amor lo ves de color purpura, y oyes rasguidos de dedos sobre la cal,y si ya estás allí dentro un poco de calor acaso y cierta fragancia en su moda superjuvenil de ponerse Baby Touch con el pulverizador para atraerme la muy pécora.

Mi Baby y mi Sany. Nada que ver. Mi Baby al entrar en casa sin dar de hostias porque me reprimo. 
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Hay gente que habla de cosas en estos casos, que estuvieron en París, y en Praga, que bajaron a Barcelona, o de las consecuencias de un domingo mal levantado. Yo hablo de que tengo que ir a desde Mundaca a Lastarri con mi Sany y con mi calva alborotá.

Quería estar más adentro, sacársela más para adentro, aún no era tarde. Aquella era la perspectiva. Yo de rodillas contra su culo, con esa chulería, una mano caida, y la otra sobre su pandero adentro afuera adentro afuera adentroafuera, toma, y toma, y la televisión con aquellos resplandores que aparecían y desaparecían sobre la pared. Ladeado el angelito Aylan Kurdi, y el hermoso culamen de Petra László y tanto sufrimientos que salían espíritus grises como en Poltergeist de la TV. Nuestros sueños ululaban por un largo pasillo esperando que fuese amor lo que hacíamos. Por decir, ni una sensación que nos supiese al resto del aliento de la noche, ni un mal bichito en los cristales, ni unas gotas con forma de lágrima en los cristales, sólo algún resplandor de la noche en los cristales, en los cristales, enloscristales.
Quedaba todo por hacer sobre los cacharros sucios por mi premura del mete y mete, joder.
Hubo un instante que sentí lo que se llama delirio, y me apreté mucho con las dos manos. En realidad soy una nenita que se cae así sobre el vacío.
Por unos instantes sus amplias caderas fueron un refugio, pero al darnos la vuelta otra vez nos vimos. 
Al salirme, casi de repente, tuve que cerrar los ojos, otra vez nos vimos, otraveznosvimos.
Ella ni se dio la vuelta para darme un beso.

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