martes, 11 de mayo de 2010

FIGURA


No puedo determinar en que parte de mi inconsciente apareció aquella figura que huye y retorna. Algunas veces inanimada, otras llena de vida. Aquella figura no era etérea, estaba en los límites de lo humano y lo irreal. Era el contenedor en el que almacenaba mis instintos derivados del inconsciente colectivo, con toda la carga animal que ello conllevaba. La mayoría de los instintos a que me refiero son de supervivencia, incluyendo la reproducción y el comer. La parte del humano que es capaz de violencia está almacenada en la parte de la sombra de la mente inconsciente. Antes de que los humanos fuesen realmente humanos, sus ancestros no eran conscientes de sí mismos. Por lo tanto, eran verdaderamente animales. Estos animales, tal como todos los demás, hacían lo que tenían que hacer para sobrevivir: asesinar , copular, defender su territorio. Estas acciones pueden parecer violentas hoy en día. Todavía son parte de nosotros hoy, aunque somos conscientes de nosotros mismos, excepto en el delirio. Es por eso que están almacenadas en nuestras extrañas penumbras. A veces nos sentimos culpables de cometer semejantes actos, pero son las naturales en cualquier animal irracional. Ahora que los humanos poseen conciencia de sí mismos, nos sentimos mal pensando en ello o cometiendo tales acciones. En los sueños, esas manifestaciones están representadas por figuras grotescas: dragones, demonios o monstruos alados, como el que ahora contemplo en esta parte de la pared que me toca mirar. Mientras hago estas reflexiones justificativas que no solucionan mi angustioso miedo, que parece retornar a mi mente, por que sé que volverá a ocurrir en cualquier momento del día, en que esa figura grotesca volverá a tomar vida en el techo, gateará reptando hasta la esquina encalada, bajando a través del tabique, y de allí al suelo, y luego plenamente viva, se pondrá sobre mi sujetando mis brazos, sacando aquella larga lengua de ser inmundo, maloliente, posándola sobre mi cara. Se que este ser es de mi mundo, no es de otro mundo, está conmigo, y viene a verme para contemplar en mis ojos todos mis ancestros; viene a recordarme mi antepasado animal lleno de instintos que tratan de devorar mi pulcra consciencia, generando este conflicto que me está llevando a la locura.

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