martes, 16 de agosto de 2011

TOMATES.



Hasta aquí todo bien.
He troceado varios tomates sobre una tabla de madera, a tajazos.
Los trozos quedaron disgregados, absolutamente, de esa forma tan usual para los tomates.
Mi postura es un tanto violenta, no sé si me entiendes, troceo rodajitas de tomate sin ninguna contemplación, con un cuchillo jamonero. No pienso en nada particular mientras hago esto de cortar tomates.
A estas alturas no sé si te has enterado que corto tomates, no sé si te has preguntado por qué corto tomates de esta forma tan violenta, y que necesidad tengo de cortar tomates con odio, odiosamente, dos tomates enramados y tres tomates en forma de tomate pera, en ovalo, ahuevados.
Acojonados los tomates en forma de tomate manzana, o tomate plátano, o tomate melocotón.
En todas las cadenas que emiten a estas horas cortan tomates, filetes de ternera, rodaballos, y aguacates para rellenarlos de mayonesa y gambas peladas y sucedáneo y triturado de pimientos de colores.
Cuando estaba en esta función de cortar tomates mientras miraba la televisión, se me vino a la cabeza rellenarlos de algo. Y ahora qué. Todos los tomates ya cortados. Muertos, absolutamente sin vuelta atrás, una carnicería sobre la tabla de madera, sangre de tomate, corazón de tomate, alma de tomate, brazos de tomate esparcidos, tripas de tomate, intestinos.
Tía Pura está aquí por las fiestas. En la otra sala como inspirándose. Y Damiana que viene con un pez espada desde la habitación de los niños. O un pez aguja, con un pez aguja pespunteando las cortinas traslucidas de la cocina, ella con su pierna corta caminando como una máquina de coser.
Yo manipulo los alimentos con cierta exquisitez, previamente las gotitas del escroto, previamente mis manos lavadas con jabón lavanda especial para manipular tomates. Soy un manipulador profesional del hambre. Dijéramos. Metafóricamente.
Me parte el alma tanto asesinato sobre la meseta de mármol a estas horas de la mañana. Todos ancianos pululando por aquí, cada uno con sus viandas, pescados recién descongelados, grumos de aceite de oliva en un bol, manos pringadas, todos cocinando mirando canales de cocina, cocineros con los mofletes en forma de tomate. De tomate en forma de ciruela.
Mis tomates (ahora qué) cortaditos, rellenos de nada.
Prometo no volver a seccionar nada en vano.
Es pecado, en este mundo hambriento, matar tomates.
No sé si me entiendes, estuve cortando tomates.
Hasta aquí todo muy bien.

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