MI DORITA LA SUPERMASIVA.

 


Se volvió supermasiva mi Dorita.

allí
donde poso mi boca para respirar dentro.
Llevamos años viéndonos en cada esquina de la mesa.
A pesar de las onomásticas transcurridas.

Tan densa de ternura y de misterio,
que el espacio entre nosotros es suavemente curvo
hasta hacerme caer en su mirada.

No hubo velocidad de escape,
ni luz, ni pensamiento que pudiera huir.
Su voz —como una supernova lenta—
me quemó los miedos hasta el núcleo.

Crucé su horizonte de sucesos
sin querer regresar.
En su centro, donde el tiempo no pasa,
sigo girando, enamorado,
como el primer día.

Allí el amor no pesa:
se comprime en la eternidad.
Os digo que adoro
a mi Dorita la supermasiva.
Aunque me valga la existencia.
Se muy bien que nunca saldré
de su agujero negro.

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