martes, 6 de diciembre de 2016

ORUJO.



Pence vino ayer de Monforte con dos botas de caña altas de cuero gordo, y dos costales de cerdo bien curados y dos botellas de orujo añejado de pulpa de uva de la zona del xestal. Vino Nita, la boba, toda pintada, y el castrón de Richar que anda por la zona de las piedronas de Pembrokeshire aprendiendo el inglés. Bajamos todos incluida la tia Paula toda coja y el mulón de Papandreu a la cabaña de Suarna para ver bien el río entre los castaños y los abedules amarillos. Prendimos fuego de caroco de madroño y después de comer descorchamos el orujo. A lo que os voy es a ese olor, yo lo bebo a morro después de un trozo de chocolate negro y me quedo pensando mientras baja y te purifica y el río tiene ese poso de plata que parece un camino que no se acaba nunca, y parece la entrada del mismo cielo.

martes, 27 de septiembre de 2016

QUIZÁS UN BUCLE.






Me levanté como de costumbre, con la rutina habitual de todos los días. Son los ejercicios que el pensamiento no ve ni coordina, como si dentro de nosotros, un pequeño enanito llevara los mandos. Cerré la puerta de casa tras de mi y bajé paso a paso las escaleras, he de decir que los ascensores me producen claustrofobia. Cuando llegué a la cota inferior para entrar a mi garaje sentí el sonido lejano de un claxon. Pasé las dos puertas de seguridad y el sonido se hizo totalmente perceptible, mientras el automatismo fue encendiendo las luces y pude comprobar con sorpresa que el sonido procedía de mi coche aparcado en la plaza número cuatro. Con cierta cautela y algo de miedo me acerqué lentamente desde la parte de atrás hasta que se hizo totalmente visible el cristal delantero. De aquella calma angustiosa pasé al miedo más profundo y paralizante, en mi coche había un hombre dentro. Estaba con la cabeza apoyada en el claxon, con el pelo recién cortado como yo, con las gafas semicaidas como las mías, con misma camisa blanca y corbata, y con mis mismos ojos abiertos sin dejar de mirarme. Quedé inerte unos instantes, hasta que me decidí a abrir la puerta lentamente, viendo como la figura se difuminaba como un arco de neón transparente. Presa del pánico decidí sentarme muy despacio en el asiento. Fue entonces cuando sentí que mi cabeza se desvanecía golpeando el frontal del volante, empezando aquel zumbido largo y estridente que se fue extinguiendo hasta quedarme casi inerte. Mientras mis ojos, ya casi paralizados, veían cómo alguien se acercaba al coche .Era un hombre que caminaba como yo, con mis mismos pantalones, con las mismas gafas y la misma cara, y los mismos ojos cansados que se miraban a si mismos.

lunes, 12 de septiembre de 2016

GARBANZOS.



Le dije para cambiar de tema ayer vi en un documental de la dos que hay mundos como el nuestro que ya están muertos desde hace millones de años. En realidad le quería decir que cerraban por derribo ultramarinos La Antigua, pero no le dije eso para no deprimirla más. No sé si soportaría no poder comprar nunca más garbanzos chamad y estar allí minutos y minutos hablando de cosas intrascendentes.

Si te ibas.

Si te ibas. Según mirabas sus espaldas te dabas cuenta de lo qué era el cansancio o las pocas ganas de vivir. En algún momento las cortinas la taparon como si fuera una aparecida movidas por una leve brisa de aire.

Sí.

Ella seguía allí en la ventana esperando no sé qué, sabía de sobra que nuestro hijo no iba a volver.

La ventana había quedado abierta, llevaba días y días como si fuera un homenaje.

Si te ibas.


Si te ibas, los visillos aún adivinaban su forma llena de vacío.

martes, 30 de agosto de 2016

SOPA DE AJO.



En un trasiego. La mano ansiosa que me acaricia en esa proporción de piel que le indico. El olor a pan húmedo entre una fritura de pimentón picante y ajo. El sol que se queda parado sobre mi dedo elevado, sobre un pequeño bulto donde mis piernas se juntan al tronco. Eso debe ser la muerte que crece en una extraña paradoja. El sol tan quieto entonces, la sombra perfecta, sin penumbra, y muchas migas sobre la mesa, como si un brazo hubiese pasado de lado desparramando copos de nieve.

La ventana tiene un árbol fantasmagórico que va y viene.
El bosque estaba allí inmenso. Grajeaban las aves de no sé qué paraíso, los radicales mirlos en zigzag vertiginosos, sin pausa. Los azores de ronda dando vueltas sobre el principio de los árboles llenos de hojas de color naranja arrobados por el débil viento del medio día. Y luego los buitres oteando el festín.
Los lobos habían bajado para matar, sin dimensionar primero el ansia, lo preciso para comer, mataron tres reses de las que se llevaron sólo una porción ínfima.

Levantarme despacio para ver cuánto me queda de recuerdos.
Ser un valiente que avanza a pasos cortos venciendo la gravedad, y sin haber perdido aún la esperanza.

martes, 9 de agosto de 2016

ARENA.



Serás de arena cuando el tiempo pase,
formarás parte del tiempo en ese reloj
inexorable.
Nada de lo que te estremece será posible,
sólo un poco de amor en las cosechas.
Ni humo que hace a la noche pesada,
ni oscuridad,
ni un poco de sombra.
Ni exiguo dolor.
Sólo arena.

lunes, 25 de julio de 2016

CONTAGIOS.



No hay nada malo en contagiarse la pena,
en contagiarse enfermedades de la piel, y el odio, o el amor
si luego,
sabes deshacerte de ello con facilidad.

El crimen más grandioso, desear que fusilen a alguien, y tenerlo veinte años
esperando
a que llame a su puerta el confesor y el cocinero.
Que te llenen de pócimas y te contagien los gritos de la locura,
que te contagien la miseria.
Que sin tocarte te vuelvas catatónico con sólo mirarte a los ojos.
Que lleves sobre ti enfermedades infecciosas:
el odio a veces,
el miedo a veces,
-para subsistir-.
Y casi todas las veces,
el mayor de los contagios,
la falta de compasión.
Amén.


lunes, 18 de julio de 2016

AZÓFAR LA CIUDAD QUE NUNCA EXISTIÓ



A estas horas ya han abierto La Pondala, aquí enfrente, en la calle Garcilaso, ya está llena de genios, y me huele a serrín y a sidra. Estoy en Azófar y hace mucho calor sobre las aceras, y hay un desierto lleno de manzanos, y el rey Salomón me habla sobre la transición de la vida y de que los más poderosos deben someterse a Dios. Sé que mil jinetes me andan buscando. Por Azófar siempre voy disfrazado de siervo, y si veo un jinete me estremezco, me da angustia, y me paro donde esté. En ese lugar me han visto como una estatua, como un mimo, las manos abiertas hacía el cielo susurrando un salmo con un sombrero esperando unas monedas a mis pies.

viernes, 15 de julio de 2016

DOCTRINAS.



Es muy cierto que antes de devorar digieres mentalmente tu presa.
Pero incluso viendo sus fauces entre las vísceras.
Tengo fe 
de que esa noticia de una sola palabra
será sublime
para derrotar a los fieles y a los infieles,
y a todos los creyentes.

lunes, 20 de junio de 2016

ROMÁNTICO.




Tengo una prótesis de cadera, dos puntadas en el promontorio del isquion. Doce fistulas interesfinterianas, sin abuso de terceros. Por decir algo para este medio poema.
No me vengas con vaginitis. Apriétame. Sácame la leche.
Sale como los gusanos.
Otros vivos se encaminan sin tropiezos.
Marchar, no. Mejor quedarse. Ninguna aventura baldía, nada.
¿Cuántos instantes antes del silencio total?
¿Toda reflexión implica pararse para pensar?
Paseate con el dedo por todos los acontecimientos recientes, no encontrarás uno saludable.
Y por qué todo aquí entre mis manos, sin poder hacer nada, hablando y hablando. Hablándome.
Antes de ayer estaba en la misma posición, y ayer. No sé en qué tiempo debo decir amor.
Las pequeñas pausas me desconciertan. Cómo van a proseguir después. Con qué tema.

Malditos hijos de puta.

miércoles, 8 de junio de 2016

EL PSICÓLOGO




Cuando me dijo aquello un sudor frío ascendió desde mi dedo gordo del pie hasta el último pelo de mi cabeza. Debía negarme, tenía que negarme pero no lo hice. Ya sentía la sensación de pánico. Él lo debía  ver como un hecho normal en mis ojos mucho más abiertos.
Acompáñeme- me dijo-, será muy fácil confía en mi, yo estaré contigo. Se levantó, tocado con su bata blanca, y vino hacía mí, pasándome la mano por el hombro en un gesto que parecía tranquilizarme. Atravesamos el pasillo saliendo al rellano. Notaba aquel sudor frío que recorría mi cuerpo, era como si bajo mis brazos empezaran a descender goterones de sudor. Tocó uno de los ascensores, y me empujó suavemente a su interior. Las puertas se cerraron lentamente. Y sin comerlo ni beberlo me vi allí, encerrado. Quizás él supuso mi miedo. Sentí su mano sobre mi hombro apretándome más fuerte, casi me hacía daño. Fue entonces cuando aquel pánico, ancestral, e indescriptible volvió a mí. Volvió a mi aquella sensación de faltarme el aire, respiraba y respiraba cada vez más fuerte, pero tenía la sensación de que mis pulmones se ahogaban, a ellos no llegaba nada, ni una pizca de oxígeno. Me puse a gatas en el ascensor. Como un animal intentaba respirar por las rendijas de las puertas al ras del suelo, perdiendo totalmente el control de mí conducta, al mismo tiempo que pasaba a otra realidad no percibida.
Para aquellos momentos, Sr. Comisario, yo ya había perdido toda noción de identidad (“digéramoslo así”) no le puedo contar más, el pánico pudo conmigo, en estas situaciones, sabe usted, que la fuerza de un hombre adquiere proporciones inimaginables, uno se vuelve un animal, y posiblemente lo haya estrangulado sin darme cuenta mientras lo hacía.
Qué recuerdos le podría contar a usted, Sr Comisario, ya se los conté a él:...la cuna estaba allí en la segunda planta. Abajo el ganado salía hacía la Ribera pisando la escarcha. Y yo estaba atado, completamente arropado debajo de un zurcido de lana. Y mi hermanita tiraba de la cuerda....… y la luz que yo veía daba aquellos vuelcos, se entornaba y se abría, bajaba y subía entre la inercia de un tirón fuerte y la vuelta suave a la posición de vahído, surgido, devuelto desde mi estómago, como si desde aquel instante empezase a horrorizarme la soledad de este mundo.


lunes, 6 de junio de 2016

HILOS.


Casi en silencio las llamas lo destruyen todo,
lo frágil, lo robusto. Es el ejemplo para aprender.
Sentado, apoyados los codos sobre la mesa, otra vez.
Mi vida ha sido así, en varias posturas: sentado, de pie, acostado.
De pie entre dos intervalos en movimiento , si te fijas.
Siempre:
o sentado,
o de pie,
o acostado,
o empujado, no de otra forma.
Excepto caminando en circulo, hasta el descanso;
ya mucho más tarde, en pleno final de la inercia.
Una vez tú, solo tú, sobre tu pecho esperando es mucho más fácil,
a que tu boca baje sobre mis oídos y me digas:
debes descansar, sólo o en dos posturas:
sentado, acostado, ya no habrá más,
nunca más.
Esto es el verdadero final.
Los hilos que te mueven desde no sé qué parte.
Ahora los brazos, las piernas, los labios,
los dedos.
No sé. Tú doblado como un saltimbanqui que yace.




sábado, 4 de junio de 2016

LAS MAÑANITAS.




La parte de amor que debe llevar mi historia me parece inconsistente. La quiero tratar con sutileza, que no signifique nada sobre la trama principal completamente trágica. Sucede en una solitaria mañana de sábado y los dos deben abrir los brazos después de un largo tiempo sin haberse visto. ¿Cómo he de describir esa situación? Acaso mi escasa experiencia en encuentros amorosos podrá enfrentarse a tal desafío? En realidad todo lo que se relata sobre el amor es una jodida mentira.

Colocarle aves a la cosa realza la situación. Un atardecer. Una terraza miserable, tal vez.

Cursiladas así.

Deja el inconsciente vaivén de tú mano y, mientras, mira a la ventana llena de vencejos, y las sutiles sombras que deja el atardecer paseándose, lamiendo nuestras caras, así de pesadas y robustas, hercúleas sobre la cal de la pared, llenas de vida sombría, porque son sombras caprichosas y se mueren con la luz.
Tócame y cerraré los ojos, sáname, dame sal, bocanadas de yodo, sorbe amoniaco como si fueras Satanás y disuélveme como a un azucarillo, digiéreme.

En realidad sólo había tres macetas de geranios. Al regresar a mi habitación la historia ya se había desvanecido. Alguien me había cogido suavemente del brazo para llevarme hasta un sillón que daba a una galería, y de la galería a un amplio valle verse, a mi lado, mis compañeros aparcados en simétrica batería bajaban la cabeza sobre su pecho con las comisuras de sus labios llenas de humedad, y las manos como muertas cruzadas sobre sus piernas.

En realidad nadie sabía que estaba pensando unas frases de amor para endulzar la parte trágica de aquella mañana de junio, la parte leve,de un relato demasiado largo.

A ella la veo acercarse lentamente con aquella sonrisa tan hermosa.