domingo, 31 de agosto de 2014

LUZ.



Todo lo que sucede ahora bajo la luz ambigua,
esa posibilidad que esperas:
detalladas apariencias, un hueco dentro de tus manos.En el gesto de un abrazo no hay probabilidad de suceso si uno de ellos está  ausente.
Nada escrito sobre ello en la teoría del conocimiento.
Cierro los ojos para imaginar un viaje de mis dedos sobre tus pómulos.
Sin embargo, quién puede asegurar que no haya laberintos dentro de  las sombras.
Que no sea la locura.
No sé qué decirme.
Sabiendo que aún no está el ser que amo,

sólo es posible en la penumbra recrearme en la aventura.

Mientras la mañana sigue en su quietud hasta apagarse.

viernes, 29 de agosto de 2014

CEREMONIAS.


Si avanzo me obligo a detenerme ceremoniosamente. No de cualquier forma. Debo parar con los pies juntos. Tengo más puntos débiles, como es el de prever en el sentido de una premonición. O cómo he de hacer para inventarme otra ceremonia. Me apasionan los ritos religiosos, la esquizofrenia colectiva, en masa.

-Un gramo de arroz abandonado, es un gramo de arroz lleno de pena y soledad, los he visto sobre los azulejos de la cocina.

Puedo provocar compasión por mis momentos de elevada ansiedad, cuando pienso que mi destino fatal ha de cumplirse, porque una de las ceremonias se ha ido fuera del protocolo establecido.

Voy a deciros algo, es muy difícil que tenga afecciones de estreñimiento, mi gozoso orificio es amplio. Ideas suicidas, sí.
Un ligero desdén cuando es de día. Por la noche las ceremonias son denigrantes. Están llegando al paroxismo. Imagínate hacer que dibujo sobre un espejo un corazón, y dentro de ese otro corazón, y otro, hasta que llego a un punto, y sin levantar el índice digo las palabras mágicas.

Ayer. De extraña luz, por donde el solete esconde su carita. Al lado del mar en un ritual desolador e imperfecto de colores.

Ayer lunes.
Luego de todo eso.

La niña se llevó una bolsa de patatas, cuatro pimientos, y un kilo de arroz de la alacena y un manojo de sobres nuevos de correo. A Menchita, mi mujer se le cae el alma al suelo, es como si lo robase me dice, lo mete en una bolsa del mercadona  y lo tapa con papel de periódico, luego se queda un rato viendo la televisión, los tres juntos, y se va sin cenar.
A eso de las buenas noches. Yo sé que es lentamente.

Ahora me da por santiguarme sin que me vea Menchita, así de rápido, por si acaso. Me santiguo y me paso las manos por el pecho en círculos, y vuelvo a detener el dedo dibujando un corazón sobre el corazón, y vuelvo a decir las palabras mágicas.

Si abres la puerta quédate ahí.
Van por el aire las palabras mágicas AnoséDonde, un lugar extraño lleno de palabras máginas.

Gotea el contador del agua entre unos azulejos blancos . No cuenta. Gotean las cisternas y por la noche son puntitos sonoros como leves estremecimientos de hojalata. Una ventana tiene el mal del “cierre desajustado”, le duele,  y sisea. El vecino de arriba pernocta paseándose por el pasillo, su bastón es discontinuo a un metro de longitud de onda, como el El capitán Ahab.
- ¿Debo coordinarlo todo?.
- Difícilmente.


Posiblemente podríamos llegar a un punto de ignición. Se capta una gran densidad de materia negra, la siento sobre mi como una tela de araña que me hace pesado y ruin. No como un ángel.
Asomé la cabeza entre las cortinas. Lluvia fina, después de grandiosos rojos y añiles.

Este fenómeno natural relacionándolo con el axioma de la vida: de cómo alegóricamente convertimos en cenizas cosas tan leves como el alma; de cómo el alma emerge vencedora del fuego, incombustible, sin una mala sombra negra; de cómo un niño instintualmente “mea” sobre un pequeño fuego hecho entre envolturas de papel y cegadoras volutas de humo. Todo tan ancestral como el instinto más profundo de nuestro inconsciente colectivo.

Hoy le estoy dando los últimos retoques a estos impulsos.


En el baño, aún esperando de pie, por enésima vez, a tener ganas.

Me doy la vuelta hacía los feligreses, alzo los brazos, y no les digo alabanzas, no les deseo paz, en esta ceremonia les digo: iros a tomar por el culo, joder.



martes, 26 de agosto de 2014

PALOMAS.



Ya había despertado.

Estaban desnudas las sombras de las personas, el cielo desnudo, las casas desnudas.
Las mariposas iban desnudas, las terneras que no se tenían de pie, las culebras dejaban la piel para estar desnudas.

Volvían a estar allí en la ventana dando vueltas poniéndolo todo perdido, haciendo equilibrios entre los pinchos. Estaban allí las palomas atorando con aquellos sonidos incansables a primera hora de la mañana.

Muchas veces me quedo mirando la sombra de las cosas, según va pasando el sol, es una costumbre de antiguo. Últimamente lo hago con una línea recta del armario a eso del medio día, cuando le da el sol de lado. La sombra va pasando sobre la alfombra dejando una leve penumbra a ambos lados. Quiero decir que no es una línea exacta, es difuminada. Muchas veces antes de llegar al borde de mi cama, me pongo a dormir. Cuando miro a esa línea no pienso en nada. No sé si es posible no pensar en nada.

Me dio un cólico, aquí.
Donde tengo la mano. Es como si te follaran por el culo con unas tijeras.
Y las abriesen dentro. Y luego les dieras vuelta. Y luego cortaras. O si te zurcieran con bramante. En la misma juntura, zurcida también la juntura. Del aguijonazo di un brinco milagroso. Levité del dolor.

Se fueron las palomas a dar una vuelta de veinte segundos.

Algunas veces siento las voces de un hombre que es como un niño.

Me da pena ver a la señora del tercero con ese niño cogido de la mano. Es un niño con unas espaldas enormes. Algunas veces cuando salen del ascensor y los veo, me pregunto que será del niño grande cuando la señora no esté. Se me olvida siempre. Cuando los siento lo vuelvo a recordar. Siempre hay un silencio especial cuando salen al rellano de la escalera.

Todo fue creado a cuatro patas, deponiendo.
Nuestras vidas están creadas por las historias, estamos llenos de historias.

...yo tenía cara de habichuela, no en su forma estricta, sino en el contorno de la cara, algo aplastada y con una curvatura un tanto desajustada. El Señor Victorino, el maestro, siempre me sentaba en la primera mesa porque atendía bien y machacaba las cosas para aprenderlas de memoria. MI problema de empezó con el catecismo y el alma, algo tan difícil de explicar que hoy en día aún seguimos esperando a que nos den explicaciones fidedignas. Para don Victorino el alma estaba dentro de nosotros en la zona del corazón, allí ponía la mano, y allí entendía yo que estaba el alma, debajo de mi corazoncito que se movía tenuemente al lado de mi camiseta de felpa. Otra de las cosas que Victorino nos decía era cómo salía el alma cuando nos moríamos, yo lo entendí a la primera, cuando nos moríamos el alma salía en forma de paloma, y era por la boca, porque moríamos boca arriba, todos moríamos boca arriba. Todo era así de simple, las tardes del invierno se hacían muy largas hasta las cinco de la tarde, porque había pasado el sol, y pasaban las nubes, y había llovido en todo aquel tiempo, y se habían posado infinidad de estorninos sobre el calor de la chimenea que dejaba salir el humo denso de la estufa, quemando húmedos trozos de roble. El caso es que me quedé muy preocupado por aquella sabiduría que no tenía una explicación racional; y cuando salí de la escuela con mi maletita de madera, con el parvulito dentro, y la pizarra y tres lápices de colores, el estuche de plumas y un palillero y muchas estampas de santos y flores; iba roto por las dudas, caminaba más despacio porque ahora el alma iba allí  al lado de mi corazón y no quería molestarla si corría, y cuando llegué a casa lo primero que hice fue subir al piso de arriba para entreabrir la puerta de la habitación de la abuela y verla allí delgadita, el pelo canoso estirado y largo, posado hacía atrás, sus manos pequeñitas, y sobre todo su boca, por donde quizás muy pronto saldría una paloma blanca hacía el cielo; un acontecimiento que no se quería perder.

Mirar como se mueve la sombra. Y correr escaleras abajo con una paloma dentro.
Algunas veces un hombre grita como un niño.
Me apetece para desayunar algo de ilusión y comer pan tierno.

viernes, 22 de agosto de 2014

IB.



La historia era en la mañana.
Luz ya había en la ventana.
Por fin, una de las vueltas ha sido incompleta. Los pies abajo, y me levanto con grandes dificultades espirituales.
No es casual que tenga ganas de volver a esa posición tan maravillosa -un día mirando al techo-.
Pasaron una variedad enorme de pájaros en escuadrón.
En mis uñas hay líquenes que crecen con la humedad.
La mano hacía arriba está así por una casualidad extraña.
Usualmente suelo permanecer con la mano cerrada.
Quizás mi mano esté desvanecida, vencida.
Un lenguaje no verbal que no sé lo qué quiere decir.
Tu coño en mi boca en forma de besos de coño, era un sueño.
Quería saber si aún me gusta
olerte la espalda y medirme en tu cuello.

Resumiendo:
El vuelo IBE0478, Madrid, Borges, Joyce, Egipto, Jufu, Jafra, Menkaura, Bin Laden, El Retiro, otra vez Agosto, el corazón, el colchón, la pajita que me hice pensando en ti, el amor, el ordenador portátil (Hijo Puta), Fonsagrada, mi cerdito querido, el matarife, Juan Luis Panero que quiere morirse, La Virgen, mi madre, el potaje gallego que sabía a morcilla de sangre, la nata de la leche, los jabones que robé del hotel, el albornoz que no pude robar, el propio hotel, Albert Camus, la piel de gallina que se me puso, el vuelo IB0477, el último romántico, y la hora: las siete de la mañana en que me iré de Madrid, el mar que pronto veré, y tú que sólo estuviste por unos instantes en mis sueños.


viernes, 15 de agosto de 2014

VUELTAS.



Esta historia empezaba así, pero no sé si acabará nunca.

El día que se marchó me dejó la cocina recogida. Para mi era muy hermosa. Varias veces le dije, y cómo iba a ganarse la vida, se lo dije así para darle miedo, se lo dije sin más. Yo por aquella ya andaba medio zombi, con las espaldas tiesas, las manos estiradas, y me daba miedo todo. El sonido de los ventiladores del patio de luces me ponía frenético cuando los dejaban por la noche. Le dije, ya me dirás cómo te vas a ganar la vida. Y se fue sin muchas cosas. Apenas tenía nada que llevarse.

Lo que habían pasado eran, posiblemente dos días, no mucho más.
La vi en la acera de enfrente el martes. Fue la segunda pasada de por la mañana. Yo estaba detrás de las cortinas, la podía ver con aquellos andares lentos decidiendo siempre la dirección que tomar, no sé si ella apreciaba que las cortinas se movían. A mi me vino mucho frío por las piernas. En la espalda se me puso un dolor extraño y una sensación a entumecido.

Mi mano ha cogido por fin mi sobra indeseable. Tenía que acabar de una vez.

A ella no la volví a ver más, quizás se había cansado de dar vueltas.

martes, 5 de agosto de 2014

AÚN, AHÍ.



Yo algunas veces me quedaba anonadado por el teorema de la ausencia de pelo y el espacio de Minkowski.
He de decir que llevaba tres meses sin salir de mi casa. Helge llegaba a eso de las cuatro y media de la tarde  y me descubría como me había dejado a las siete de la mañana, sentado en el comedor con la ventana entreabierta, mirando la arquitectura de la fachada de enfrente, que a unos cinco metros me mostraba un balcón por el que sobresalían unos visillos blancos agitados por una suave brisa de aire.

Helge me decía al llegar:
-Aún, ahí.
Yo a simple vista parecía contestarle con el pensamiento, pero no lo hacía. Seguía y seguía dándole vueltas al teorema de la ausencia de pelo. Nada de otro modo me hacía subsistir de forma tan extraña, casi ausente del mundo, sin dimensiones a un lado y al otro. Sin poder hacer simple el espacio de Minkowski, que estaba ahí desde los orígenes hasta su muerte por fin en la nada.

-Aún, ahí.

Y yo le contestaba, según su imaginación, aparentemente con el pensamiento.
Luego su mano por mi cuello en una caricia informal y distante, y el olor a un perfume desconocido por mi.

-¿Has dudado alguna vez que existe la censura cósmica? Ese lugar que no puedes ver porque el el espacio y el tiempo no existen.


-Aún estás ahí.

jueves, 31 de julio de 2014

XUAN.



Yo hurgaba por entre los tejados. El humo de las chimeneas en forma de intestino, era tan recto que no podía imaginar dónde estaba su final. Intentaba saberlo, pero no podía. Había petirrojos y todo la sublime sospechaba que estaba entre lo que no podía ver, entre la amplia luz y la suave brisa de la mañana.

Hasta que nexo de tiempo recordamos lo inmediato, lo oscuro.

Una vez arrojado de la cama, desnudo todo el culo, mi ano aún con aquel dolor supuestamente rojo y cedido. Lo único que supe hacer fue arrimarme a la ventana, aún con el letargo de cuatro largas horas de extraño sueño convulso, sin recordarlo, sólo esa leve sensación de que algo fuera de lo común había turbado mis pensamientos.

Mis ojos cegados por aquella extraña luz azulada, como si flotara dentro de la nada.

Las vacas de Xuan pasaban, la mula de Xuan que llevaba a Xuan sobre unas alforjas, y Xuan con un apeo sobre el hombro y así sobre la mula, guardando la verticalidad con aquel movimiento leve hacia los lados.

Me toqué aún más abajo del quicio por donde el escozor, me vi la mano con cierto rastro de sangre por el trasero, mientras la Galana y la Pinta y la Mula y Xuan se fueron yendo, alejándose, ahora como si reptaran a lo lejos.

A veces venían cuervos sobre un manzanal reinetero poblado de frutos que había puesto Santa Inés en nombre de todos los Santos. Los cuervos estaban allí oteando gusanos sobre las partes carcomidas del manzanal. Yo con mis dolores por la planta de arriba con mi mano en el culo oyendo sus graznidos. No sé de qué forma andaba con pasos muy cortos para que el dolor fuese mas leve.

Trataba de acordarme de los delirios de ayer, de qué forma el suceso, con cierto hambre, dando vueltas por la alcoba ennegrecida, entre trenzados de mazorcas colgadas de ganchos amarrados a las vigas de madera, en el fondo, trasnochados, tres cuadros amarillentos con escenas tropicales de mares lentos y muy verdes.

El silencio es eso..., lo que quieras tú.
Ni entre el silencio recordaba lo que pudo ser una abducción.
El silencio son gorjeos del viento y sus mensajes interpretados, voces de otras épocas.

Llamaba a mi madre como cuando cabeceaba entre sus tetas, o dormido sobre sus rodillas oliendo su pistacho y el estiércol de sus manos, allí, aún, el resto malololiente del último viaje de mi padre.

Por la ventana ya no sentía nada, era el silencio que yo deseaba.
No me daba más. Me retorcía de dolores por donde mi tubo terminaba. La macabra abdución, casi sin voces podía recordar, una luz cegadora sobre mis ojos, un sonido del más allá a máquinas celestiales, mis manos atadas, mis pies atados, y quizás algo, un soniquete familiar, la voz de Xuan a lo lejos dándole varadas a la Galana.

No es por nada, creo que Xuan es un Capitán intergaláctico.

No lo dudo.

martes, 1 de julio de 2014

A CUATRO PATAS.


A cualquier hora di la vuelta a una coqueta plazoleta llamada la curva de San Jeremías. Por fin algo que me ataba a la realidad más precisa. Precisa, no. Era la realidad. San Jeremías era la plazoleta donde vivía y le di la vuelta lentamente hasta un portal enladrillado muy estrambótico, decorado con azulejos llenos de motivos árabes. Quiere esto decir que un poco más de a cualquier hora ya estaba delante de mi puerta toda pintada de verde oscuro, casi irreconocible dada la plena penumbra existente -vuelvo otra vez: penumbra, oscuridad..., no me aclaro- Con mi cabeza empujé lentamente una de las hojas de la puerta y a través de la oscuridad (digamos eso) avancé sobre las escaleras, ahora reptando, hasta otra puerta entreabierta aún desde la mañana. Avancé por el pasillo hasta mi habitación. Lentamente, no sin cierta alegría, me dejé caer sobre la cama deshecha, primero con la barriga hacía abajo, luego con la barriga hacía arriba. Empecé a sentir fuertes dolores sobre mis rodillas y en las palmas de mis manos, algo que hasta entonces me había pasado extrañamente desapercibido. El dolor tiene esas cosas, algunas veces sólo está dormido, y se despierta.
Disfrutaba ahora de respirar con mi boca abierta y por mi nariz a la vez, o sólo por mi boca, o sólo por mi nariz. Disfrutaba ahora con mis ojos abiertos de aquella densa oscuridad que casi podía apartarse con las manos. Disfrutaba ahora de aquella libertad plena de sentirme a salvo. Y reflexioné mientras me fui quedando dormido de que nunca más, nunca más saldría a caminar a cuatro patas a la inmensidad del día que tanto me asustaba.


domingo, 29 de junio de 2014

BASTARME.




Debería bastarme
haberme encontrado ausente
esperando que se acerque la lejanía.
Hacerme la pregunta más antigua
no vale la pena.
Poder llevar mi viejo cuerpo,
en los momentos de gran tristeza.
Podría bastarme,
sobre este calor que espera la lluvia
a que huela la tierra,
para quedarme quieto
con todos los recuerdos.



jueves, 19 de junio de 2014

ÉPOCAS.



Diseñada para que el fuego en su costumbre,
dejara luces de colores
al quemarse su corazón,
para que sus ojos siempre te dijeran algo
en el sentido de voy abrir muchísimo los brazos.

La había elegido para muchos años,
desde aquellos tiempos en que posábamos la palma de la mano
llena de barro,
cuando el agujero de una botella podría ser  el fondo de un lago
y el miedo inventó nuestros dioses una noche de verano.

Surgió el sofá, la extraña campana de la cocina,
y las puertas, y una ventana que daba a otros mundos
con un trozo, arriba, de cielo purpura.
Pasaban nubes.
Pasaban los martes.

Estuvimos mucho tiempo cenando -ella de lado-,
casi treinta años, pasándonos cosas, el pan
y todas las dificultades, los dolores de los brazos,
a veces la lluvia.

Nos divertíamos pensando en los secretos
mintiendo con los ojos
yo a veces soñaba que hubiera sido una diosa Freya
de vez en cuando la luna en su equinoccio
atravesando un tendal lleno de ropa.
Pudiera ser la fortuna,
tenerte allí,
por si necesitaba que me ayudaras a levantarme.

lunes, 9 de junio de 2014

EL GATO DE SCHRODINGER.



Obsesionado por esos mundos imposibles de lo que no se puede medir. De cuál era la mínima unidad que extendida en una curvatura me diese la distancia más ínfima de todo lo mensurable.
Incluso esa particularidad de lo que no puedes definir en un mismo lugar, y por supuesto tampoco ni imaginar sus posiciones sucesivas que indiquen su trayectoria entre infinitas posibilidades.
Lo había preparado todo en nuestra alcoba, de una forma fugaz para que su mirada no descubriera la novedad de la pistola escondida con su largo silenciador, el mecanismo de accionamiento, el rayo de luz invisible que debería detener su cuerpo al acercarse desde el pasillo y poner en marcha el fatídico mecanismo de accionamiento.
Cuando estuvo todo dispuesto bajé al bar de enfrente para observar su llegada al portal. A la media hora la vi metiendo la llave, y salí precipitado tras ella subiendo por las escaleras, casi cuando el ascensor llegué al cuarto piso, y sentí la puerta de entrada cerrarse bruscamente. Esperé delante de la puerta algunos minutos y pensé en aquella paradoja del gato de Schrödinger. Mi estado de excitación era sublime, pretendía demostrar que en aquel preciso instante ella estaba viva y a la vez estaba muerta. Quizás así, en un solo estado. Imaginaba su metódico recorrido de todos los días: entrar en la cocina, dejar correr el grifo y beber  su vaso de agua, asomarse a la ventana del patio de luces, dejar luego sus zapatos en el pasillo, entrar en el salón y posar las llaves sobre un taquillón, correr las cortinas para dejar entrar la claridad, y luego de que forma - quizás-, entrar en la habitación y cortar con su cuerpo el fatídico rayo de luz.
-¿Estaría muerta o viva a la vez?
Cuando di vuelta a la llave y abrí la puerta, sentí sobre mi cara una bocanada de aire cálido, sobre el pasillo la penumbra que llegaba desde el salón dejaba ver con dificultad el fondo oscuro del baño. Caminé despacio hacía la habitación. Mientras me acercaba pensaba que aún se cumplían los dos estados de la paradoja.
Me paré para escuchar un leve movimiento, quizás la ventana del salón entreabierta.
Luego pronuncie su nombre.

viernes, 2 de mayo de 2014

TUMBAS.




Estuve en una pradera larga con bordes recién segados,
olor a hierba machacada.
Bordee la tapia y una verja de hierro,
Tumbas de 1945, una del 19,
Y una del 36, asesinado.
Subí unas escaleras empinadas,
un grifo goteando entre botellas de plástico,
pasé las tumbas de los niños, lápidas destartaladas,
flores eternas de color azul, y ángeles.
Repasé varios pasillos y nombres:
Ernestina,
María,
Agustín,
Consuelo,
Pedro.
Y una lápida caída del 34,
rota.
Casi al final, en una hilera que daba al desagüe,
la tumba de mis padres:
1998, 1983.
Me quedé de pie, cerrados los ojos,
puse flores con color de recuerdos.
Y a la vuelta,
los niños, otros nombres,
y el olor a la hierba.