lunes, 20 de octubre de 2014

PAISAJE INDEFENSO.



Dos sombras.
Entre las sombras una penumbra indefinida.
Todos los días recurro a mi escondite.
Nidos a los lados con no sé cuántos corazones. Entre tantas posibilidades de felicidad tiene que existir alguna desdicha.
He abierto mi puerta.
Encuentro mi olor, y cierro.
Todo mi territorio desierto.
Y de vez en cuando un espejismo.

martes, 7 de octubre de 2014

CASIOPEA.



No tuve miedo por aquel prodigio. Tuvo lugar con los ojos cerrados, la oscuridad dentro de la oscuridad.

Parece que empezaba otra vez a escuchar las voces. Era una costumbre que estuvieses dada la vuelta mirando hacía la cómoda, y a dos puertas de armario. A mi me venían voces de Casiopea. Ya te dije como era aquello. Después de pasado el cerrojo de la puerta de entrada, si tú no hablabas, si yo no hablaba y me venían aquellas voces persuasivas, no podrían proceder de otro lugar que no fuese de Casiopea

Algunos gritos venían de la quinta estrella, la más brillante.
Algunos susurros de la tercera estrella, la más tenue.

Había una gota de la ducha cayendo sobre la bañera en morse: una raya corta y un punto, luego un silencio y la raya larga.
De la cisterna manaba un chorrito indeleble y después de no sé cuántos minutos era como si un asmático desesperado abriese la boca de  nuevo, se iba por la patita toda el agua.

Respirábamos.
Yo sobre mi corazón. Mi corazón estaba en mi cuello, y llegaba por el interior a mis oídos.
Cómo puede ser esto, estar calculando, de un lado al otro mi obra de teatro mental, personajes que desconocía. No sé cómo podía verlos con los ojos cerrados. Las piernas articuladas, ahora hacía arriba, ahora hacía abajo, ahora dando la vuelta, siempre con los ojos cerrados.

Llevo tanto tiempo sin trabajar que ya no sé cómo hacerlo.
He ido posando las manos sobre mí como si fuera una orden divina. Me sentía desnudo. Las manos iban bajando hasta acariciarme. Era una costumbre juvenil empezar a escarbar con mi uña dentro del pellejo del prepucio. En esos instantes las voces de Casiopea se iban. Me arrimaba a su culo, le levantaba una pierna como si me fuese a dar una coz y me masturbaba contra algo que era muy suave.

Era hoy cuando empezó a llover sobre los cristales. Algunas veces antes venía el aire y una brisa resbalaba sobre mi cara. Hoy no. Dijérase que la lluvia flotaba desde poniente en suaves rachas.

De todas formas...
-Por las noches hay épocas en que los días empiezan a ser más cortos como en los axiomas.
-No sé si esto es ciertamente así.
No puedo quitar de mi cabeza las voces que vienen de Casiopea.
Sería horrible apretarle el cuello mientras ella duerme.
La quinta estrella es la que más la odia.
-¿Debo seguir pensando?, o actuar ya.


miércoles, 1 de octubre de 2014

INSTANTE.


Masturbarme y meterme e a mi mismo el dedo en el culo ha sido un imposible. No pude hacerlo de acostado por lo imposible de elevarme la pelvis. De pie frente al lavabo es incómodo en el sentido postural. He de masturbarme con la mano derecha y meterme el dedo en el culo con la mano izquierda (esta vez por placer). Todo esto ha sido un fracaso por el exceso de atención en la maniobra. Y por otra parte la casi mínima concentración en el hecho en si mismo. Siempre he sido muy egoísta a la hora de querer obtener placer de dos partes de mi cuerpo a la vez: metiendo y sacando mi dedo del ano – suavemente-, y moviendo el prepucio de mi polla hasta la saciedad.


Debo pensar que soportaré la vida. Resistirse a cualquier nueva angustia en su modalidad obsesiva. Puede ser el miedo a una esquina por lo que tiene de final.

Siempre cerca de la puerta. Tirar sin peligro. Contar escalones.
El sol es ciertamente cegador a eso del medio día.
Es necesario poner un nombre al camino, para señalar el retorno. En caso de olvido un nombre circunstancial tendrá, siquiera, la certeza de la duda del viandante que deba señalarte en el retorno.
-¿Es ese el camino de vuelta?
-No hay absoluta certeza de poder justificar nuestro regreso por el sitio de la huida-.


Un segundo esperando, o más de un segundo.

No me he decidido aún a tomar impulso para seguir en esta ridícula postura el dedo ahí, la mano ahí, delante del espejo por si acaso consigo unos segundos de placer.

martes, 30 de septiembre de 2014

LARGO DÍA.



Estuve cierto tiempo cerciorandome si es que me miraba con ojos tristes, siempre al levantarse,
como si tuviera todo el día por delante.
Me olía a tres días de distancia.
Y su pelo era una selva llena de moho y líquenes verdes.
Aún así. Yo tenía ganas. Y la puse mirando a los platos sucios. No sé cómo decirte.
Al principio entraba mal. El ambiente era de domingo gris, lluvia que venía de poniente.
Los cristales no dejaban mirar lo que se agitaba, ramas vivas.
Tuve un presentimiento, era yerma, pero yo empujaba.
A veces me imaginaba mariposas sobre los cristales, y algún sonido de gorrión desde la chimenea, y para el caso le decía insistente, siempre te quise.
Una vez dentro de ella, me paré. En realidad no sentía nada. Sobre la nuca su pelo lacio abierto en dos, y unas espaldas muy grandes, y el culo donde yo estaba, blando, hiperbólico y gracioso.
Yo no llevaba amor cuando se la empujaba por sorpresa. No había amor en nada.
Si no hay amor lo ves de color purpura, y oyes rasguidos de dedos sobre la cal,
y si estás allí dentro un poco de calor acaso.
Hay gente que habla de cosas en estos casos, que estuvieron en París, y en Praga,
que bajaron a Barcelona, o de las consecuencias de un domingo mal levantado.
Quería estar más adentro, sacársela más para adentro, aún no era tarde.
Nuestros espíritus ululaban por un largo pasillo, esperando que fuese amor lo que hacíamos.
Por decir, ni una sensación que nos supiese al resto del aliento de la noche,
ni una mariposa en los cristales, ni unas gotas con forma de lágrima.
Quedaba todo por hacer sobre los cacharros sucios.
Hubo un instante que sentí lo que se llama delirio, y me apreté mucho.
Por unos instantes sus amplias caderas fueron un refugio.
Al salirme, casi de repente, tuve que cerrar los ojos.
Ella ni se dio la vuelta para darme un beso. Sé que estaba muy triste.
Lo he adivinado.




jueves, 25 de septiembre de 2014

LUGAR.




Mi especie anda descosida. Ves los murciélagos,
así
pero andando.
Y me dan miedo,
-el pensarlo es un estremecimiento-.
Pero a veces camino hasta un acantilado que tiene mirilla,
y me dejo llevar,
viendo las aves que vuelan bien
abriendo las alas simplemente.
Llego hasta aquí al atardecer
para quedarme quieto e invisible
adivinando que ponen las nubes antes de irse.


viernes, 19 de septiembre de 2014

GALENO.




Deduce mi galeno.
Es entre la filosofía y locura (casi lo mismo). Los galenos están para eso. Saber de todo un poco.
Hacen unas chapucillas de nueve de la mañana a las dos de la tarde.
Sí, hasta esa hora ramplona tan degradada en el reloj. No es hermosa esa hora.
-Nunca lo será, le ha tocado ser esa hora por un designio divino.
Ya eran casi las dos de la tarde y de repente la prisa en sus ojos. Casi media hora sometiéndolo todo, con cierto orden, a tanta profundidad  obsesiva en mi cabeza.
- No te puedes imaginar cuánta angustia en tan poco tiempo le pasé aquel fulano.

Una bata blanca o un quimono. Una parafernalia de objetos sobre los anaqueles. Bolitas eternas dándose por el culo unas a las otras sin acabar nunca de darse (zas,zas,zas, y zas y zas), odiaba no captar como iba disminuyendo la amplitud de sus golpes. Su boca a veces moviéndose, viendo como su boca se mueve casi imperceptible en lo que deben ser unos simples susurros, y yo en mi pequeño hueco, deseando salir a rastras debajo de mi oscuro caparazón para meterme dentro de la oscuridad donde me hablo a mismo repetidamente del mismo tema sin entenderme.
Otra vez desando eso.
Desde la ventana de su consulta, él contra la claridad, hablándome como un dios dispuesto para abrir su vademecun en una página olvidada e ir moviendo su dedo tonto donde la fortuna le indicase que debía pararse.
-A (tú) te ha tocado esto, me dice (enfatizando con cierto sarcasmo).

-Ya eran las dos de la tarde.
-Casi una hora sometiendo a la mirada que había en mis ojos.  
con el fin de poder definirme por el paisaje más hermoso.
-Ladeada la cabeza  un extremo y a otro,
al contrario de donde partía la luz a través de los cristales.
-Entre dos trechos un árbol solitario,
deduje su falta de amor,
luego las ruinas de un valle verde lleno de paredes.
Tal vez eran vencejos los que huían sobre las colinas.
-Por aquel entonces mis estados de oscuridad a plena luz
en el despacho del galeno.

-Cómo he de decirte que no vuelvas a este lugar. Pululo por el pasillo de vuelta y no me paro de decirte cuándo ha de suceder lo que esperas a todas las horas con tanta obsesión.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

DISTANCIA.





Después de tratar de entenderlo, pude resumir esta teoría:
Dos puntos que se atraen no tienen por qué elegir forzosamente la recta para encontrarse aunque sea el procedimiento más corto. Los hay que prefieren el infinito en un afán inconsciente de hacerlo inalcanzable.

No podría decir cómo era el día, nubes muy altas y lisas con ese gris uniforme, y los primeros fríos de septiembre. En aquellas primeras horas de la mañana algo de rocío.

El sargento del puesto se alejó con el dedo en la sien, girándolo de un lado a otro mientras miraba a los otros compañeros: “Está como una cabra”.

Los buzos bajaban y subían.
Había arneses colgados de una pértiga de grúa improvisada con una roldana de la que también pendían cuerdas que casi no se sabía hasta dónde llegaban. Y aunque nadie veía nada yo veía unos ojos allí, observándome, detrás aquel verde que alguien parecía alumbrar desde el mismo fondo del abismo.

Yo le había dicho ayer para zanjarlo todo, lo de no me toques los cojones más, y me había ido huerta abajo haciendo ruido entre los tallos del centeno como un verdadero zorro. Huía de mi mismo.

Mis manos estaban esposadas a mi espalda mientras miraba hipnotizado aquel rastro verde del agua.

Hubo un día en que me fijé en ella más que otras veces, como si hubiera llegado de un largo viaje, como si de repente la hubiese visto por unos instantes a cámara lenta igual que una flor que se marchita en unos segundos.

Ella y mi referencia temporal en aquellos ojos cansados y tristes que ahora me obsesionaban. Sólo por ella había pasado el tiempo. Yo estaba ajeno a mi envejecimiento. No existía el tiempo para mí.
Ese día empezaron los insultos.


Entre la penumbra verdosa del agua empieza a verse la forma nítida de una sombra y dos brazos abiertos.

martes, 16 de septiembre de 2014

INSTANTE.


Un millón de leguas para dos dedos.
Nada.
Sólo el desierto y tanta luz y tanta sed.
Del fuego eterno sólo quiero un poco de calor.
Donde empieza tu espalda.
Quiero subir por aquí si tú me dejas.

viernes, 5 de septiembre de 2014

PAN.



Voy a la tahona, en la tahona dos o tres bolivianos y uno de Agadir, y en el mostrador con un montón de barras de pan, ella y una argentina modosita con mandilones blancos, ponía: Panificadora La Tahona de Madro, y le miro a los ojos y le digo, Madrona que le has hecho a la puerta de casa, y ella me mira y me dice: Jandro, vete a tomar por el culo, y sal de aquí, o llamo a los municipales.
-Pues eso, salgo pitando.
-Pues eso me entra aquel cosquilleo en forma de alacranes.
-Pues eso, me entra aquel odio y unas ganas de maltrato de género que te cagas.

Me dieron muchos impulsos de comprar un hacha en la ferretería La Gonzaga, y subir a la puerta donde el corazoncito del Niño Jesús, pero era blindada estilo bunker. Me dieron ganas de comprar un taladro con broca widia de quince y meterlo por el bombin para descapullarlo, pero no había enchufe en el rellano, y la vecina es una golfa que siempre está escuchando a Julio Iglesias y a Ricky Martin mientras mira por la mirilla de la puerta por si tiene que avisar a los guripas, que es gratis.

-Y repito.
-Más que nada para que no se me olvide.

Todo son bocas. Yo veo bocas abiertas. Hay solares por donde se pierden los perros. Y hombres acostados aún a las doce de la mañana en la misma entrada en que estaban ayer, con la cabeza dentro de un gusano, con las manos protegidas del filo de una navaja.

-El fondo es eso que parece que nunca se acaba.

-Quisiera que me mandases a un recado, por lo que más quieras.

Yo me veo desbordado por los acontecimientos. Voy difuminado en forma de alma. Transcurro a través de la ventanilla de un autobús y te voy pensando con hambre, tengo hambre. Nunca me has llenado ni ayer ni antes de ayer, nunca fuiste una hogaza de centeno, nunca tu vientre fue blando para recostarme. Siempre voy pensando con hambre en ti, te voy follando a lo bestia en cada frenazo mientras me duele la barriga.

Ir a  un recado (son recuerdos) a la calle la Meretriz a buscar levadura y llevo el pito encogido.
Siempre miro por fuera la tahona (lo surtida que está).
.. había aboroñados de centeno, de trigo, de cebada, de avena, mezcladitos de soja, tortonas de maíz, alargados de arroz, buchitos de quinoa, redonditos de tricale, manotas de patata, triangulos de espelta, y muchas baguetes crujientes, chapatas, pan negro como el carbón, rosquillas onduladas, piquitos de alforfón, pan blanco en barras, pan de acimo, esponjosos de Ruffini, brioches con huevito, aplanados de naan, moldeados en forma de prisma de color pardo, rellenos de bonito, puñaditos con chorizo, quebrados crujientes, y anillitos en forma de corazón..

Cuando caminas hacía el cielo te haces invisible. Para que ese fenómeno suceda no puedes en absoluto tener pecados veniales, mortales ni te cuento.

-Es un hijodelagranputa, que no te vuelva  a poner la mano encima (la argentina le atizaba el barrunte).

-Para algunas mujeres el amor es proporcional a la longitud del mango.
Lo decía el Cosuco, de Pola de Gordón, carrocetero, que la tenía gorda pero cortita, y era de poco mete y saca, muy lento.

La calle tiene forma de onda de sonido. La calle te come y no te enteras aunque toda la calle sea tuya. La calle siempre escupe hacia arriba y tú la estás mirando, y entonces también te pega chicles en la cara.

Que le den por el culo a todo, me refiero a todo el developmental.
-Loco sufres menos.

Hoy me vi a mi mismo durmiendo cuando pasaba. Pero tú no me quieres. Hoy me vi a mi mismo dentro de una caja de cartón de una nevera  con congelador progresivo arriba y arcón abajo, un neverón. Y hacía un frío que pelaba dentro de la caja, era como el túnel del tiempo cuando empiezas a ver los colores que van pasando.

Quisiera hacerte recados,
por lo menos eso
si pudiera ser
anillitos en forma de corazón
anda

domingo, 31 de agosto de 2014

LUZ.



Todo lo que sucede ahora bajo la luz ambigua,
esa posibilidad que esperas:
detalladas apariencias, un hueco dentro de tus manos.En el gesto de un abrazo no hay probabilidad de suceso si uno de ellos está  ausente.
Nada escrito sobre ello en la teoría del conocimiento.
Cierro los ojos para imaginar un viaje de mis dedos sobre tus pómulos.
Sin embargo, quién puede asegurar que no haya laberintos dentro de  las sombras.
Que no sea la locura.
No sé qué decirme.
Sabiendo que aún no está el ser que amo,

sólo es posible en la penumbra recrearme en la aventura.

Mientras la mañana sigue en su quietud hasta apagarse.

viernes, 29 de agosto de 2014

CEREMONIAS.


Si avanzo me obligo a detenerme ceremoniosamente. No de cualquier forma. Debo parar con los pies juntos. Tengo más puntos débiles, como es el de prever en el sentido de una premonición. O cómo he de hacer para inventarme otra ceremonia. Me apasionan los ritos religiosos, la esquizofrenia colectiva, en masa.

-Un gramo de arroz abandonado, es un gramo de arroz lleno de pena y soledad, los he visto sobre los azulejos de la cocina.

Puedo provocar compasión por mis momentos de elevada ansiedad, cuando pienso que mi destino fatal ha de cumplirse, porque una de las ceremonias se ha ido fuera del protocolo establecido.

Voy a deciros algo, es muy difícil que tenga afecciones de estreñimiento, mi gozoso orificio es amplio. Ideas suicidas, sí.
Un ligero desdén cuando es de día. Por la noche las ceremonias son denigrantes. Están llegando al paroxismo. Imagínate hacer que dibujo sobre un espejo un corazón, y dentro de ese otro corazón, y otro, hasta que llego a un punto, y sin levantar el índice digo las palabras mágicas.

Ayer. De extraña luz, por donde el solete esconde su carita. Al lado del mar en un ritual desolador e imperfecto de colores.

Ayer lunes.
Luego de todo eso.

La niña se llevó una bolsa de patatas, cuatro pimientos, y un kilo de arroz de la alacena y un manojo de sobres nuevos de correo. A Menchita, mi mujer se le cae el alma al suelo, es como si lo robase me dice, lo mete en una bolsa del mercadona  y lo tapa con papel de periódico, luego se queda un rato viendo la televisión, los tres juntos, y se va sin cenar.
A eso de las buenas noches. Yo sé que es lentamente.

Ahora me da por santiguarme sin que me vea Menchita, así de rápido, por si acaso. Me santiguo y me paso las manos por el pecho en círculos, y vuelvo a detener el dedo dibujando un corazón sobre el corazón, y vuelvo a decir las palabras mágicas.

Si abres la puerta quédate ahí.
Van por el aire las palabras mágicas AnoséDonde, un lugar extraño lleno de palabras máginas.

Gotea el contador del agua entre unos azulejos blancos . No cuenta. Gotean las cisternas y por la noche son puntitos sonoros como leves estremecimientos de hojalata. Una ventana tiene el mal del “cierre desajustado”, le duele,  y sisea. El vecino de arriba pernocta paseándose por el pasillo, su bastón es discontinuo a un metro de longitud de onda, como el El capitán Ahab.
- ¿Debo coordinarlo todo?.
- Difícilmente.


Posiblemente podríamos llegar a un punto de ignición. Se capta una gran densidad de materia negra, la siento sobre mi como una tela de araña que me hace pesado y ruin. No como un ángel.
Asomé la cabeza entre las cortinas. Lluvia fina, después de grandiosos rojos y añiles.

Este fenómeno natural relacionándolo con el axioma de la vida: de cómo alegóricamente convertimos en cenizas cosas tan leves como el alma; de cómo el alma emerge vencedora del fuego, incombustible, sin una mala sombra negra; de cómo un niño instintualmente “mea” sobre un pequeño fuego hecho entre envolturas de papel y cegadoras volutas de humo. Todo tan ancestral como el instinto más profundo de nuestro inconsciente colectivo.

Hoy le estoy dando los últimos retoques a estos impulsos.


En el baño, aún esperando de pie, por enésima vez, a tener ganas.

Me doy la vuelta hacía los feligreses, alzo los brazos, y no les digo alabanzas, no les deseo paz, en esta ceremonia les digo: iros a tomar por el culo, joder.



martes, 26 de agosto de 2014

PALOMAS.



Ya había despertado.

Estaban desnudas las sombras de las personas, el cielo desnudo, las casas desnudas.
Las mariposas iban desnudas, las terneras que no se tenían de pie, las culebras dejaban la piel para estar desnudas.

Volvían a estar allí en la ventana dando vueltas poniéndolo todo perdido, haciendo equilibrios entre los pinchos. Estaban allí las palomas atorando con aquellos sonidos incansables a primera hora de la mañana.

Muchas veces me quedo mirando la sombra de las cosas, según va pasando el sol, es una costumbre de antiguo. Últimamente lo hago con una línea recta del armario a eso del medio día, cuando le da el sol de lado. La sombra va pasando sobre la alfombra dejando una leve penumbra a ambos lados. Quiero decir que no es una línea exacta, es difuminada. Muchas veces antes de llegar al borde de mi cama, me pongo a dormir. Cuando miro a esa línea no pienso en nada. No sé si es posible no pensar en nada.

Me dio un cólico, aquí.
Donde tengo la mano. Es como si te follaran por el culo con unas tijeras.
Y las abriesen dentro. Y luego les dieras vuelta. Y luego cortaras. O si te zurcieran con bramante. En la misma juntura, zurcida también la juntura. Del aguijonazo di un brinco milagroso. Levité del dolor.

Se fueron las palomas a dar una vuelta de veinte segundos.

Algunas veces siento las voces de un hombre que es como un niño.

Me da pena ver a la señora del tercero con ese niño cogido de la mano. Es un niño con unas espaldas enormes. Algunas veces cuando salen del ascensor y los veo, me pregunto que será del niño grande cuando la señora no esté. Se me olvida siempre. Cuando los siento lo vuelvo a recordar. Siempre hay un silencio especial cuando salen al rellano de la escalera.

Todo fue creado a cuatro patas, deponiendo.
Nuestras vidas están creadas por las historias, estamos llenos de historias.

...yo tenía cara de habichuela, no en su forma estricta, sino en el contorno de la cara, algo aplastada y con una curvatura un tanto desajustada. El Señor Victorino, el maestro, siempre me sentaba en la primera mesa porque atendía bien y machacaba las cosas para aprenderlas de memoria. MI problema de empezó con el catecismo y el alma, algo tan difícil de explicar que hoy en día aún seguimos esperando a que nos den explicaciones fidedignas. Para don Victorino el alma estaba dentro de nosotros en la zona del corazón, allí ponía la mano, y allí entendía yo que estaba el alma, debajo de mi corazoncito que se movía tenuemente al lado de mi camiseta de felpa. Otra de las cosas que Victorino nos decía era cómo salía el alma cuando nos moríamos, yo lo entendí a la primera, cuando nos moríamos el alma salía en forma de paloma, y era por la boca, porque moríamos boca arriba, todos moríamos boca arriba. Todo era así de simple, las tardes del invierno se hacían muy largas hasta las cinco de la tarde, porque había pasado el sol, y pasaban las nubes, y había llovido en todo aquel tiempo, y se habían posado infinidad de estorninos sobre el calor de la chimenea que dejaba salir el humo denso de la estufa, quemando húmedos trozos de roble. El caso es que me quedé muy preocupado por aquella sabiduría que no tenía una explicación racional; y cuando salí de la escuela con mi maletita de madera, con el parvulito dentro, y la pizarra y tres lápices de colores, el estuche de plumas y un palillero y muchas estampas de santos y flores; iba roto por las dudas, caminaba más despacio porque ahora el alma iba allí  al lado de mi corazón y no quería molestarla si corría, y cuando llegué a casa lo primero que hice fue subir al piso de arriba para entreabrir la puerta de la habitación de la abuela y verla allí delgadita, el pelo canoso estirado y largo, posado hacía atrás, sus manos pequeñitas, y sobre todo su boca, por donde quizás muy pronto saldría una paloma blanca hacía el cielo; un acontecimiento que no se quería perder.

Mirar como se mueve la sombra. Y correr escaleras abajo con una paloma dentro.
Algunas veces un hombre grita como un niño.
Me apetece para desayunar algo de ilusión y comer pan tierno.