martes, 16 de febrero de 2010

GRITOS DESESPERADOS.


Llevo dos años viviendo sólo y es indudable que no me arreglo igual que antes. No soy organizado. Sólo hay que verlo. En mi casa suelen entrar pocas personas. Pocas, no. Diría que ninguna ha pasado de la puerta. La abro un poco para mirar quien ha tocado el timbre y sólo si me resulta familiar. Si me traen algo lo cojo. Si me tienen que decir algo lo escucho. Si tengo que firmar algo, no lo firmo. Si miro por la mirilla y me parecen sospechosos, no les abro. Si son del Servicio Social, los mando a tomar por el culo gritando detrás de la puerta. Si aporrean la puerta, los dejo hasta que se cansen. Lo único que me toca soportar es el guirigay de los niños a la salida del colegio, lo odio. Es la única atadura temporal a parte del día y de la noche. Debo de llevar veinte días aquí. No lo recuerdo bien. La última vez salí por comida, llené el arcón de paletillas de ternera, y a eso de las tres de la tarde volví a bajar para comprar vino y latas de conserva. De farmacia ya me queda poco. Las últimas recetas están agotadas. Puede decirse que mis relaciones domésticas son totalmente satisfactorias. No merece la pena ver la cocina. Todas las cosas las estoy ordenando a mi forma. Por supuesto nada que ver con la pulcritud de entorno que hace años reinaba aquí, era de esquema geométrico, casi perfecto. Aquí entraba todo Dios, era como una exposición surrealista. Las filigranas las he tirado de tan incomprensibles (indescifrables en la sala inmaculada con fondo azul). Nunca me ha gustado el orden. El orden no desencadenó el origen desde la nada. La creación fue inspirada por el caos organizado. Y ahora la simetría es el principio del fin. Cada vez siento más que mi intelecto es mucho más normal que antes, que pienso más trascendental (aunque no me abandonan los seres misteriosos que me cambian las cosas de sitio) .Lo que va mal es lo somático. Pero el olor que me envuelve me gusta. Lo rápido que a veces encuentro las cosas también. Las dos televisiones funcionan de continuo. En el video de la salita ponen durante veinticuatro horas “El Cazador”. Me gusta esta película. No paro de verla. La escena en que yerra el tiro sobre el venado me conmueve, mil y una veces la he visto; cuando entro en la salita, si esta parado ,le doy al play y vuelta a empezar. Muchas veces sube el plasta de abajo a protestarme, me dice que escucha los tiros ¡Y qué! Ni le abro. Hoy tengo la impresión de que ando orinado, también me noto ansioso. He ido al salón a revolver la cómoda para buscar no sé que. Pero no estaba allí, y me fui a la vitrina donde tengo el rifle de caza.
De Niro está sobre las rocas. Agazapado. Es tan extrañamente real la escena.
.......... está persiguiendo al venado por la escollera, va sigiloso, siente sobre su cara una brisa suave y limpia, sus pies resbalan mientras camina como un guerrillero agazapado, se agacha, apoya el rifle en su hombro, el venado está ante él, erguido y hermoso, lo tiene encarado, la crucecita de la mirilla señala primero su cornamenta, luego desciende lentamente, y se para en su carita alargada, y dispara, una vez y otra, dispara todo el cargador...
Sobre mi cara sopla un aire cálido, insoportable. Por mi cara cae un sudor espeso. Estoy agotado de andar por estos desfiladeros, me vuelvo de espaldas y me siento, con las piernas estiradas sobre la alfombra.
Dejo el rifle apoyado sobre la forja del balcón.
En la salita aún huele a pólvora.
En la calle un lamento estridentes de sirenas y gritos desesperados.

2 comentarios:

Anita Noire dijo...

A veces tengo la tentación de salir al balcón de este tercer piso y lanzarlo todo. Creo que podría abrirle el cráneo a alguien con cualquiera de los trastos que hay por aquí pero luego, por no sé que clase de compasión, no lanzo más que juramentos en arameo que no llegan a traspasar mi boca.

KENIT dijo...

Una persona desesperada,puede llegar a confundir la realidad con la ficción. Pasa mucho en EEUU.
Pronto, quizás, pasará aquí.