viernes, 12 de febrero de 2010

LA VIRGEN


El día no era malo, Por el Castedón había tímidos rayos de sol, y la niebla ya se quitaba,
cuando mi padre entró en la cuadra y me soltó a la Torba,(la del badajo con collar de filigranas), luego salieron la Mocha, la Torera, y la Xatía, todas eran cabañesas. Mi madre me preparó un fardelo con dos buenos trozos de pan de centeno, unas lascas de tocino entreverado, dos peras conferencia ,dos manzanas de sidra, y un puñado de castañas cocidas. Aquel día el río en el Barranco tenía un rastro de color de plata, que brillaba extraordinariamente. Cambiaba según íbamos pasando las revueltas hacía el Foxo. En los berzales de Anita la Coxa había cantidad de tordos, con guirigay, alguna golondrina primeriza zigzagueaba con vuelos rasantes y veloces. En las casas de Carzol salía humo azul y recto que perforaba la niebla en un juego de mezcla de colores.. Por Cabaña asomaban nubes pechugonas marcadas sobre el azul, algunas oblongas como si reposaran resbalando sobre las laderas de los Buitres de San Roque, torpemente desgajadas. Cuando llegamos a la revuelta del Molino de Antón, empecé a ver las ovejas de Chano el Pastor, desperdigadas por un lado y otro, algunas estaban entre el centeno de Onésima, abriendo surcos como locas, medio desaparecidas. A Chano lo vi con una oveja tordilla, de frente negro, agarrado por atrás, a dos puñados de lana de las paletillas, afincándola contra un pino doncel de rama alta y tallo áspero. La oveja paraba como una condenada. Berreaba angustiada, (o consolada), eso no lo sé. Al pasar por delante de Chano, no me dijo nada, bastante tenía consigo, con los pantalones caídos, y los ojos desorbitados. La Torba caminaba poseída, olía en la distancia el ballico y la forrajera llena de rocío.Yo sentía el sonido de su badajo lejano al ritmo de pisada, como una llamada de misa, y veía su rabo nervioso y mosqueado.

Faltarían unos cien metros para la revuelta de las Animas, donde los carballos de Grandoba eran gigantes, formando deformes torgos con cara de demonio, cuando vi una extraña niebla que subiendo muy alargada, formaba una onda con base de campana. Según me iba acercando se hacía más nítido el tono cristalino, con bordes añilados, como si fuera agua limpia de tormenta que ascendía.
Fue entonces cuando la Torba se paró, levantó el rabo y salio poseída monte arriba entre toxos, carqueixas, artos, xestas y brezales, y algún ramallo de castaño, corría como si tuviera mil tábanos y moscasquias comiéndole las ubres. Las otras la siguieorn monte abajo una, y monte arriba las siguientes. Todas se despendolaron.
Yo miré hacía arriba, y la vi, con las manos entrelazadas como si estuviera detrás de un espejo de agua, y el fondo fuera el mismo abismo.
Era una señora muy hermosa, con ropajes azules, escapularios de piedras de colores, y los pies descalzos dentro de una concha blanca como el coral, que flotaba quieta .Pensé que me miraba. Estuvo así, un tiempo, sin decir nada. Yo sentía a lo lejos el badajo de la Torba que se alejaba imperceptible, un sonido de cuquiello, cuatro perdices que pasaron muy rápido, una coruxa trasnochada, una oveja del rebaño de Chano, que estaba perdida, y dos escalantes negros. También observé un desfile de filoxera subiéndose a un pino, y un hormiguero tupido de hormigas pardas. El sonido de todo eso, era lo que me llegaba. Había una paz plena.
Aquella señora, movió la mano y yo me arrodillé, despavorido. De repente a su alrededor, aparecieron dos rabilargos, cuatro arrendajos, ocho cuervos, una tordilla, seis grajillas, dos cornejas, cuatro chovas, veinte cascanueces y muchas más golondrinas que no me dio tiempo a contar.

Vi cómo movía sus labios, y sentí con retardo una voz lejana llena de paz que me dio aquel mensaje….
No sé el tiempo qué pasaría, el sol estaba muy metido.
Luego sentí el perro de Chano que me olía la cara.

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