domingo, 21 de marzo de 2010

CAM


Alejandra se encontraba delante del espejo dándose los últimos retoques a su cara. Por sus grandes ojos, siempre resaltaba labios, pómulos y cejas. Hoy sin embargo se estaba poniendo una sombra gris siguiendo la forma del ojo, deseaba resaltarlos, deseaba que su mirada tuviera el don de la observación plena. Había quedado con Teo. No sabía si su nombre era real, o producto de la casualidad. Llevaba cuatro meses viéndolo a través de la cam. Ella se había reservado el secreto, nunca se había mostrado. Había grabado a Teo de medio cuerpo. Había grabado la última obscenidad de medio cuerpo para abajo en un directorio llamado Teo_18.11.09, en donde se acumulaban 68 videos en formato mpg. Se vistió elegantemente, llevaba una falda de cashmere, un suéter cerrado Cardigan, unos zapatos con cremallera de piel gamusa, y un abrigo cruzado, estampado. Como contraseña para el encuentro se había puesto una bufanda artesana de fantasía color marrón. El color de la bufanda no era el acordado; en la última conexión le había dicho que se pondría un gorro color negro, pero lo evitó para tener esa ventaja en la sorpresa del encuentro; aparte que la hacía más pequeñita.
Salió de casa a las siete de la tarde. Había quedado en una cafetería llamada Malevos, en Pintor Rosales, cerca de su casa. Caminó de prisa. En unos diez minutos estuvo en la puerta. Lo primero que hizo fue otear la barra. Lo vio de espaldas, sentado sobre una silla alta, ojeando un periódico, con un cigarro en la mano y una caña de cerveza en el mostrador. Como en un acto reflejo el se giró hacía la puerta. Sus miradas pudieron haberse cruzado. Nunca se sabrá. Ella lo observó un instante, dio media vuelta, y se marchó calle abajo.

2 comentarios:

Anita Noire dijo...

Es lo que tiene las fantasias realizadas. Pierden su gracia.

Anita Noire

Anita Noire dijo...
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