viernes, 5 de marzo de 2010

EL BAR DE AGAPITO


Como había escrito ayer precipitadamente. A eso de las 11 de la noche sentí un gran alboroto en la calle. En ese momento llegaba la policía, con escándalo de sirenas y luces. En la acera opuesta al restaurante ,Comidas Agapito, había cantidad de gente, la mayoría vecinos de mi portal. Como no puede ser de otro modo, la curiosidad me hizo poner los zapatos y bajar las escaleras apresuradamente. Ni siquiera esperé al ascensor. Cuando llegué a la calle, vi con sorpresa a la mayoría de mis vecinos, muchos con bata de casa y zapatillas, apostados en el frente del bar. Yo pasé a engrosar la pequeña multitud de morbosos espectadores. Lo primero fue preguntar lo que había pasado, y así me contaron que la esposa de Agapito, llamada Anunciación, lo había encontrado en el frigorífico de viandas, haciendo el ñaca, ñaca, con la cocinera -contratada hacía cuatro meses, y por lo visto, también casada- Anunciación debía de tener sospechas del affair. Cuando entró en el bar- venía, según contaban, de Zara, aún se veía la bolsa sobre el suelo del bar .Cogió un cochillo jamonero apoyado en el mostrador, y se dirigió directamente al frigorífico. Lo que comentan los vecinos podría llegar a ficción surrealista, para desembocar luego en una gran leyenda urbana. Según cuentan hubo una corta persecución. Ella salió a la calle semidesnuda. El deambulo a trancas por el bar, tropezando sobre una mesa del comedor, con tan mala fortuna que se golpeó con la cabeza sobre una columna central, quedando semiinconsciente en el suelo. Lo que no es leyenda y es real, fue la reacción de Natividad. Le bajó los pantalones, y de un tajo certero le rebanó los huevos. Los que se asomaron a través de los cristales de una ventana que da del comedor a la calle. Describen la escena con macabro morbo. Por lo visto, el cadáver de Agapito yace en el suelo, con los pantalones bajados, sobre un gran charco de sangre, y con los huevos y pene, cómicamente sobre su regazo.


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