jueves, 25 de marzo de 2010

LA CURVA


Las consecuencias de lo que me ha sucedido, no podré evaluarlas ahora. Todo fue muy rápido.Venia por la comarcal quinientos doce, por la zona de Riofrío hacía Bejar. La noche era despejada con una gran luna llena que me cogía de costado; según iba cambiando de dirección la carretera, algunas veces, la veía por el retrovisor completamente nítida. Las luces me marcaban los arcenes. Todo sucedió en un tramo recto antes de entrar en la curva de de los Robles- que le llaman la de los Espíritus-. Apenas me di cuenta. Fue como si de repente se me hubiese echado encima un bulto. Le di con todo el frontal izquierdo del coche; y vi. como caía a la cuneta en una zona de ligero desnivel. Aminoré la marcha. Parecía una mujer. Cambié a primera. Muy lento, miré a todos los lados, y no vi a nadie. Luego pisé a fondo el acelerador y salí como una centella. Cuando llegué a casa pasaban de las cuatro de la mañana. Lo primero que hice fue mirar el coche. Tenía un pequeño abollon a la altura del faro izquierdo, que estaba roto. En el borde de un cristal en punta, que había quedado sujeto por al marco del embellecedor, encontré un trozo de tela negra, de unos dos centímetros, y restos de sangre. Lo que me extraño eran aquellos pelos de color marrón oscuro, que parecían cerdas de animal, pegados en el interior del faro.
Cuando entré en casa, la luna estaba en todo lo alto, muy grande y muy blanca. Y comenzó a entrarme una gran desazón.

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