sábado, 20 de marzo de 2010

NECESITO SOÑAR




Ya le habíamos dado varias vueltas por el exterior; fijándonos en la configuración estructural de aquel edificio; con el fin de poder realizar una oferta ventajosa para su derribo. Ahora estábamos en el interior. Íbamos caminando por un pasillo central lleno de basura. Se observaba al fondo una división marcada por una barrera de barrotes metálicos de media altura, y una puerta central. Las paredes estaban llenas de grafitis dibujados entre la separación de las celdas, con puertas diminutas. Había tres niveles de celdas con pasillo lateral, y en el techo una gran claraboya central por donde entraba muchísima luz. Caminábamos rápido, tomando notas sobre un plano, de las características de la antigua cárcel; las partes metálicas aprovechables, dimensiones, tabiques, muros, vigas maestras; con el fin de poder hacer el trabajo en el menor precio, y lo más rápido posible. Subimos a través de una escalera metálica con descansillo, a la segunda planta, en donde se repetía la misma división de celdas. Nuestro acompañante nos abrió una de ellas. La puerta metálica pintada de gris, fuertemente reforzada, tenía tres pasadores de pestillo, uno de ellos de grandes dimensiones en el medio. En la parte superior había una mirilla de forma rectangular no más grande que una mano; encima el número veintiocho torpemente rotulado. La puerta estaba entreabierta; al abrirla totalmente emitió un sonido de gozne desengrasado. Al pasar a su interior observé un cubículo de unos seis metros cuadrados, con techo muy alto, la pared del fondo era irregular, y con una ventana diminuta cruzada de barrotes sobre un cristal ahumado y sucio. Las paredes estaban pintadas de blanco, muy sucias, con zócalo marrón totalmente desconchado.
Al entrar en su interior sentí un extraño escalofrío; entre claustrofobia y esa sensación que nos da cuando entramos en recintos sagrados, llenos de historia; podría describirlo como una reflexiva reverencia del lugar; de lo que allí pudo haber sucedido, y de las personas que les tocó vivir una triste parte de su vida en su interior. Por un momento mi imaginación me hizo quedarme absorto, alejado del mundo de mis acompañantes, alejado del interés comercial de sus proporciones y espesores de muros. Mis ojos se deslizaron por aquella pared que un día había tenido un zócalo marrón y resto blanco, y ahora sólo tenia pequeños rastros de esos colores; llenos de ralladuras, de pequeños mensajes, de figuras de extraña perspectiva. Mis ojos fueron dando una pequeña vuelta de reconocimiento; y se detuvieron en una frase escrita entre dos sombras de suciedad, que había dejado una litera de dos camas - volcada ahora hacía un lado-. La frase escrita y rotulada en azul, a la que le faltaba una letra, decía textualmente: Necesito soñar.

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