lunes, 19 de abril de 2010

CHIMENEA


La chimenea tenía noventa y cinco metros desde el soporte base. Me dijeron: “Debes cambiar las luces fundidas de las balizas de gálibo”. Y yo que no lo sabía: “Para que las vean los aviones”, apostillaron. Y así fue que comencé a subir, con mi arnés reglamentario la escalera de gato, acojonado, mirando despacito al frente, no mirando abajo, que cada vez era más pequeñito lo que veía. No subí del todo mal. Soy razonablemente joven aún. Pero cuando estuve en la plataforma circular superior, por donde sale el penacho del humo, aquello se abatía ligeramente por el viento. Parecía imposible, pero se movía. No sé que extraña sensación me vino a la mente. Era pánico angustioso. Me tiré boca abajo en la plataforma superior hecha de tramex y, cerré los ojos. A los pocos minutos sentí las sirenas y el despliegue en la base de la chimenea. Estaban los bomberos de la factoría y, una ambulancia. Por las pequeñas rendijas de la plataforma, los observaba subir por la escalera de gato. Desde abajo me gritaban con altavoces de mano:”Tranquilo, Tranquilo, ya te bajamos”. Yo casi no escuchaba. Me vino aquel mareo repentino y, comencé a vomitar.

1 comentario:

LOSTTOTHERIVER dijo...

Aliviarse, no tiene precio.