martes, 13 de abril de 2010

ESCALERA


Me giré para contemplarme sobre el espejo del portal. Era el gesto habitual siempre que entraba. Mirarme. Y seguir por las escaleras. No suelo coger el ascensor por mi claustrofobia eterna. Cuando comencé a caminar hacia el cuarto noté que alguien iba delante de mí, sentía sus pasos, parecían los tacos de una mujer. En el primer descansillo me paré unos instantes y aquellos pasos también pararon. Me pareció extraño. Seguí subiendo y los pasos se reiniciaron delante de mí. Sin duda eran tacones de mujer. Me paré de nuevo y los tacos también pararon. Qué extraño era todo aquello. Cuando llegué al cuarto B, donde vivo, los tacones sonaron sobre el quinto piso. Quiero decir que mi bloque es de ocho plantas. Metí la llave en mi puerta y la volví a sacar de la cerradura preso de la duda. Qué raro todo. Proseguí subiendo, me paré en el sexto, en el séptimo, y los tacos pararon igualmente. Sabía que en el rellano sobre el octavo encontraría aquella mujer. Allí solo estaba la caja de ascensores, siempre cerrados, y un pequeño hueco sin salida. Cuando subí los últimos escalones que daban al pequeño descansillo sobre octavo, no había absolutamente nadie. Estaba completamente seguro que nadie había entrado en el último piso. La ventana enrejada que daba al patio de luces también estaba cerrada. Se hizo presa de mí la inquietud que ofrece la duda de lo incomprensible. Cuando bajé para entrar en mi casa, los tacones cesaron. No bajaban delante de mí. Metí la llave en la cerradura y abrí la puerta de mi casa. Había un extraño silencio solo roto por el siseo de la televisión encendida. Cuando entré en el salón la vi recostada hacia atrás, la cabeza vuelta sobre el respaldo. Me acerqué despacio para despertarla, estaba vestida como para salir a la calle, con unos zapatos de tacón alto puestos. Cuando la toqué, se desplomó sobre el lado opuesto. Estaba muerta.

1 comentario:

Poma dijo...

Hoy te bautizo como Kenit Allan PoElio .
Buona giornata.