jueves, 20 de mayo de 2010

INCLUSO


Ahora me reclaman todo lo vivido.
(incluidos los instantes en que mi boca y el mar
fueron un conducto abatido por marejadas y corrientes).
Y también me piden los paisajes hermosos que he mirado,
-incluso por los que no recuerdo-.
El debe el haber y todas las columnas observadas,
llenas de guarismos.
Por si acaso, he puesto a compararme (puede haber engaño),
he buscado en los papeles:
lo declarado, lo pensado, lo sentido, lo amado.
He observado por donde viven los otros compañeros,
todas las tumbas que había para llegar a ellos;
incluso, busqué por donde los ilustrados podrecieron,
resguardados del invierno por altas cruces y frases que estremecen.
Incluso, busqué, los restos de la guerra,
los muertos tirados por los valles sin recuerdos.
Y después de todo comprendí:
que a nadie le reclaman nada, ni a los muy muertos.
A nadie le piden que devuelva las pisadas caminadas,
ni los sueños, y mucho menos el sabor del vino,
o el pan alargado y tierno crecido entre las brasas,
ni el frío, ni el calor, ni el trabajo que me ha tocado:
apretando remaches en los puentes;
moviendo bielas;
acortando caminos por trazadas rectas,
entre árboles y acequias.
Ahora me reclaman lo más nimio:
que si he sido animal que repta,
y extraño volador que caza,
que si he sido alimaña, depredador, asesino entre los robles;
que si he amado en frías tardes de domingo;
y entre el solano y las siestas en agosto.
Incluso me dicen que debo pagar por lo amado en el delito,
cuando cerraba desesperado las cortinas, en secreto,
y sangrando apretaba mi alma entre cristales.
Si es así,
-y así parece que dicen que así sea-.
Que me devuelvan vivo,
que me den otro nombre,
otra historia,
para poder nacer de nuevo,
quiero llevar mis cuentas al principio.

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